Assassin’s Creed Revelations, el fin de una era

Assassin's Creed Revelations

El éxito de la franquicia Assassin’s Creed es indiscutible. La nueva entrega de la serie, incluso sin seguir la numeración tal y como pasó con La Hermandad, ha batido el récord de reservas y muy probablemente sea la que mejor se venda. No es casualidad, Revelations es sin duda un producto dirigido a los fans, hecho para responder algunas de las preguntas que se llevan haciendo desde hace unos años y sobre todo para cerrar una etapa importante de la franquicia, el de la vida de Ezio Auditore, el protagonista más carismático de estos títulos y al que conocimos en su alocada y trágica juventud para más tarde verlo convertido en todo un Maestro Asesino y, por fin, en su último gran viaje. Si a esto le añadimos que el legado de Altaïr también será parte fundamental de la historia, tenemos todos los ingredientes de un verdadero homenaje a la saga de Ubisoft, que visto lo visto no ha hecho nada más que empezar.

Es por tanto un juego poco indicado para aquellos que quieran iniciarse en el credo, que se verán perdidos en los acontecimientos. Los veteranos por el contrario se sentirán como en casa, pues Revelations utiliza una fórmula que ya les será muy familiar y en la que, con unas cuantas pinceladas en forma de novedades jugables, básicamente recoge todos aquellos aspectos que mejor han funcionado de las anteriores entregas. Por tanto no me voy a detener en detalles sobre la jugabilidad, que se mantiene intacta, o los gráficos, que gracias al buen trabajo de años atrás siguen siendo muy punteros tras haber sufrido algunos retoques como, por ejemplo, unas expresiones mejoradas y una sincronización labial más acertada que hacen las secuencias mucho más atractivas.

Lo primero que hay que destacar es que, a pesar de que el juego tiene a tres protagonistas, Ubisoft se las ha arreglado muy bien para desarrollar una trama equilibrada, en la que por supuesto Ezio tendrá el papel principal. El florentino viajará a la Constantinopla de principios del siglo XVI para encontrar antes que sus enemigos templarios unos extraños sellos que su antepasado Altaïr ocultó y que son la llave de una cámara que alberga sus secretos. Todo esto, como ya os figuraréis, son los recuerdos de Desmond, que tras los acontecimientos de La Hermandad ha quedado atrapado en el Animus buscando desesperadamente una salida con la ayuda de un viejo conocido. La clave, una vez más, estará en su memoria.

Es una lástima que los niveles que requieren de la participación de cada uno no hayan sido todos diseñados con el mismo acierto. Si bien Ezio tendrá una ciudad entera para explorar y realizar multitud de actividades, Altaïr sólo estará presente en breves pasajes que, pese a su importancia, están más enfocados a la acción directa o a cumplir objetivos más concretos. Habría sido muy interesante poder disfrutar paralelamente de dos grandes ciudades (o de la misma en distintas épocas), y más cuando esta vez no podremos viajar a diferentes localizaciones, aunque variaremos a escenarios concretos en momentos muy puntuales por requerimiento del guión.

Por otro lado, con Desmond no podremos hacer demasiado, pues está atrapado en una isla un tanto surrealista a la que volveremos periódicamente para mantener algunas conversaciones. Eso sí, una vez recojamos suficientes fragmentos del Animus, repartidos por el extenso mapa de Estambul, podremos acceder a una serie de portales en los que desbloquearemos recuerdos de sus primeros años, que serán muy interesantes para los fans y que crearán nuevas e inesperadas conexiones. Sin embargo para hacernos con ellos deberemos superar unas fases un tanto desconcertantes en las que avanzaremos activando mecanismos y creando baldosas de diferentes formas geométricas en el vacío, todo ello con la vista en primera persona. Completarlos todos es casi imprescindible, aunque para ser honesto resulta bastante aburrido.

Centrándonos en el núcleo del juego, el de Ezio Auditore en Estambul, decir que se han reciclado muchas cosas de La Hermandad, empezando por el reclutamiento de asesinos, que por desgracia no ha evolucionado nada, aunque también es verdad que hay muchísimos más destinos y objetivos en cada uno de ellos para irlos entrendando y que nos reportarán ingresos adicionales y suministros. Subirlos de nivel será importante, pues además de ser una inestimable ayuda en el campo de batalla, al llegar al rango 10 podremos dejarlos al cargo de cada una de nuestras bases en la ciudad para que ellos las gestionen y las protejan. Defender estos emplazamientos es una de las novedades más importantes, que pese a no estar muy inspirada y resultar un pelín frustrante a veces, ayuda a hacer variado un juego que ya de por sí tiene muchas y diferentes misiones que cumplir. Este modo se basa en posicionar barricadas y a nuestros subordinados (habrá fusileros, ballesteros, granaderos…) a lo largo de una calle y soportar las arremetidas del ejército templario, cuyas máquinas de guerra son especialmente temibles.

Otras cosas que nos sonarán serán por ejemplo las zonas enemigas a conquistar mediante el asesinato del jefe de la guardia y el encendido de una hoguera en la atalaya más alta. Hay muchas más que antes, y es en ocasiones uno de los puntos más complicados del juego, que en general no será demasiado difícil para aquellos que hayan completado los anteriores. También volverán las guaridas, que si bien no serán tan vistosas como aquellas en los principales monumentos de Roma o Venecia, son muy divertidas.

Me gustaría destacar una ausencia importante, la de la posibilidad de recorrer los escenarios a caballo, algo que siempre había estado ahí y que en la última aventura se implementó también en el interior de las ciudades. No le encuentro demasiado sentido, pero para reconfortarnos en lo que se refiere a la jugabilidad sí hay dos mejoras importantes: la primera la cuchilla-gancho, que nos permitirá desplazarnos rápidamente aprovechando las tirolinas, esquivar ataques enemigos y escalar muros impulsándonos con más fuerza hacia arriba; y la segunda la preparación de granadas a nuestro gusto, pues según el tipo de pólvora que usemos y el material con el que las carguemos podremos confeccionar desde pequeños explosivos para distraer a las patrullas hasta artefactos para acabar con un grupo de enemigos.

Estas son, en definitiva, las principales sorpresas que guarda un juego muy continuista pero muy divertido y tan poderoso a nivel visual como siempre, una gran producción con una historia suficientemente larga pero enmarcada en un mundo en el que hay tanto por hacer y descubrir que nos llevará muchas horas completarlo al 100%, sin contar con el multijugador. Es cierto que la trama no comienza muy fuerte, pues carecemos de un antagonista claro y las tareas que desempeñaremos al principio no tendrán demasiado interés, pero al final todo tendrá su recompensa. Entre otras jugosas ‘revelaciones’, una pista bastante clara de la ambientación de la próxima entrega. Dejo que la descubráis.

NOTA FINAL: 8

 

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