Zoom a: Merlin. Temporada 4

Merlín nos deja hasta el próximo otoño con ganas de más. En una temporada en la que los personajes han crecido y han tenido que enfrentarse solos a situaciones difíciles y decisiones complicadas, pero en la que se ha visto qué clase de mago y de rey serán Merlín y Arturo.

Esta cuarta temporada es más oscura, más adulta pero no pierde sus señas de identidad: su humor, su actitud un tanto naïf (es una serie para toda la familia y muy seguida por niños y adolescentes) y su canto a la amistad. Es una serie agradable,  en la que sabes que todo va a acabar bien pero eso es lo que quieres.

En esta última temporada de  Merlín la serie ha avanzado mucho y muy deprisa en la historia, a veces demasiado, pero gracias a ello hemos podido ver a Arturo como Rey, la relación abierta entre él y Ginebra, Morgana descubriendo que su enemigo es un mago llamado Emrys y  unas cuantas luchas mágicas entre Morgana y Merlín (disfrazado de “viejo Merlín”). Los caballeros han tenido mayor protagonismo y en algunos casos se les ha desdibujado un poco, y sí, estoy hablando de Gwain, menos mal que en los  dos últimos episodios se han redimido y ha vuelto el Gwain que conocíamos en anteriores temporadas.

La temporada ha sido bastante regular, aunque ha habido episodios para olvidar como “Lancelot Du Lac”: después de la muerte de Lancelot en el segundo episodio, Morgana le trae devuelta al mundo de los vivos como su siervo para destruir a Ginebra, que hechizada es infiel a Arturo cuando éste ya le había pedido matrimonio. Un capítulo que se quería acercar al Mito Artúrico pero que quedó raro.

La cuarta temporada de Merlín se acerca más al Mito Artúrico pero también se toma sus licencias y juega con él. El final es sorprendente y trata de ser épico, aunque a mi modo de ver fue mejor el de la tercera temporada. Me pareció más emocionante la escena de los caballeros sentados alrededor de la mesa redonda que Arturo sacando Excalibur de la roca, y esa escena debía ser inolvidable.

Sin embargo Merlín ha madurado y es capaz de unir en un mismo episodio drama, tensión, mito y humor. Hacerlo de forma magistral y acabar bien. No acabar con un final feliz, si no con un final adecuado a la historia que se quiere contar. Pero siempre dejando una sensación agradable que hace que te apetezca seguir viendo más.

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