Análisis de Binary Domain

Binary Domain

Hoy en día no es nada fácil que un juego triunfe. Hay muchos títulos que llegan mes a mes a las estanterías de las tiendas especializadas y en un género tan saturado como el de la acción cuesta mucho sobresalir y más aún asentar las bases para una lucrativa franquicia, por lo que es normal que aquellos que lo consiguen no quieran desprenderse de ellas fácilmente.

El juego que analizamos pretende exactamente esto, ser el primero de una saga que convenza a los aficionados y logre hacerse con un hueco en el mercado. Desde luego no se puede decir que sus desarrolladores no hayan puesto todo su esfuerzo para lograr su objetivo, comenzando por la construcción de un mundo situado en un futuro cercano y la elaboración de una historia que ciertamente es muy interesante.

En el año 2080 el mundo ha sufrido una crisis medioambiental sin precedentes y muchas de las principales ciudades del mundo han quedado prácticamente sumergidas en los océanos. Gracias a las grandes corporaciones dedicadas al sector de la robótica, grandes metrópolis se han construido utilizando las ruinas de las viejas urbes y dando paso a una nueva era para la humanidad en la que los robots son una pieza fundamental de la vida cotidiana.

Con el fin de controlar su inserción en la sociedad, se decidió firmar un nuevo tratado de Ginebra mediante el cual se prohibía explícitamente la fabricación de los llamados Hijos del Éter, máquinas capaces de imitar la apariencia humana y sus emociones. Pero cuando uno de estos androides protagoniza un violento incidente en los Estados Unidos, la Asociación Internacional de Tecnología y Robótica (IRTA) decidirá investigar a fondo el caso y enviar a japón a una unidad de soldados de diferentes países con el fin de infiltrarse en la Corporación Amada, cuyo fundador fue años atrás una de las principales eminencias en este campo, y detener al responsable de la violación de las leyes internacionales.

A los mandos de Dan Marshall deberemos desentrañar una enrevesada conspiración en una trama que irá de menos a más y en la que los aficionados de la ciencia ficción verán guiños a muchas de las obras de Isaac Asimov y películas como Blade Runner o Terminator. Una aventura donde no faltará la acción en casi ningún momento y en la que se nos plantearán diversos conflictos morales y éticos como qué es lo que se necesita para ser considerado humano y el derecho de cualquier criatura, sea de origen biológico o mecánico, a existir y a gozar de unas libertades entendidas como universales.

Como veis, y pese a que notamos cierta familiaridad con algunos aspectos y personajes de los clásicos ya mencionados (los Hijos del Éter no saben que en realidad no son humanos, al igual que los replicantes de la cinta protagonizada por Harrison Ford), es un guión atrayente y lleno de posibilidades que nos enganchará hasta el final, y eso que no se trata de un juego corto, pues su campaña individual cumple sobradamente con las 10 horas de rigor.

Pero vamos a centrarnos en su estilo de juego, algo insólito teniendo en cuenta que se trata de un estudio nipón, ya que coge con bastante acierto elementos de títulos de acción en tercera persona occidentales como Gears of War. Aunque no lo parezca, no hay muchos que consigan replicar su jugabilidad consiguiendo una experiencia satisfactoria, pero para ser justo diré que en este caso no podemos ponerle demasiadas pegas.

Junto con los miembros de nuestro escuadrón iremos avanzando por escenarios buscando cobertura y disparando a nuestros enemigos sin piedad. Tendremos la posibilidad de cargar con nuestro fusil principal, un arma secundaria a elegir entre ametralladoras pesadas, lanzacohetes o rifles francotirador que iremos encontrando, una granadas y una pistola de munición ilimitada que nos asegurará poder defendernos hasta nuestro último aliento, aunque cuando nuestros adversarios se acerquen demasiado siempre podemos pasar al cuerpo a cuerpo y destrozarlos con nuestra culata.

El arma primaria va equipada con un potente impulso eléctrico que se cargará en algunas plataformas que encontraremos puntualmente o las baterías que dejen nuestros enemigos al caer. Su uso nos posibilitará librarnos de obstáculos que bloquean nuestro camino o dejar temporalmente aturdidos a un buen número de atacantes, aunque habrá que utilizarlo con moderación.

Estos enemigos serán siempre robots de combate de diversos tipos: tropas de infantería, de asalto, francotiradores, robots pesados, de seguridad… Algunos serán más inteligentes que otros, pero en general la inteligencia artificial es acertada, y pese a que algunos de ellos presentarán evidentes limitaciones para moverse, otros cargarán contra nosotros salvajemente, saltarán por encima de parapetos, se cubrirán para ofrecer un blanco más difícil o avanzarán poco a poco intentando envolvernos y sorprendernos por los flancos. Eso no quita que muchos de ellos sean blancos fáciles y de vez en cuando encontremos algún comportamiento algo extraño, aunque en conjunto este apartado deja un buen sabor de boca.

Cuando les disparemos irán perdiendo la coraza e incluso partes de su cuerpo, obligándoles a cambiar el arma de brazo o arrastrarse por el suelo para llegar hasta nosotros. Si les destruimos la cabeza perderán la orientación y apuntarán a cualquiera que esté a su lado, incluidos sus propios compañeros que no se lo pensarán dos veces a la hora de librarse de ellos. El trabajo realizado es en este aspecto muy notable.

Son un tanto clónicos, como es normal, pero para remediarlo se han incluido un buen número de jefes de nivel que irán apareciendo en los distintos momentos de los 6 episodios en los que se divide la campaña. Su diseño es estupendo y resultan tan duros de pelar como divertidos, aunque a veces su gran tamaño nos intimidará.

Y es que para que el desarrollo no se nos haga repetitivo se ha puesto especial cuidado en intercalar algunas fases que romperán con la dinámica de disparar, cubrirse y recargar, como será infiltrarnos en unos muelles buceando para esquivar a los centinelas, atravesar unos canales infestados de enemigos sobre motos de agua o disparar desde un vehículo a nuestros perseguidores por la autopista.

En los momentos de máxima tensión veremos secuencias muy cinematográficas que incorporan fragmentos jugables así como quick time events, sin llegar a abusar de ellos, en los que deberemos pulsar un botón en el momento justo para realizar una acción que significará la vida o la muerte.

Los escenarios son suficientemente variados, algunos de ellos muy bien representados como el Tokio del futuro, y mantienen siempre la coherencia. Si bien encontraremos continuamente cajas o paneles en los que guarecernos, a veces tenemos la sensación de que están algo vacíos y que podrían contar con otros elementos que potenciaran la ambientación. Regularmente podremos acceder a máquinas expendedoras en las que podremos gastar nuestros créditos para comparar implantes que mejoren nuestro rendimiento, botiquines, munición y mejoras para nuestro fusil.

Gráficamente, sin llegar a ser una producción de primerísimo nivel, cumple sobradamente con los tiempos que corren. Los personajes principales están muy bien modelados y aunque sus animaciones corporales en ciertos momentos parezcan algo forzadas, las faciales son simplemente fantásticas, captando a la perfección expresiones de asombro, duda o ira.

Porque no nos podemos olvidar de que el combate no lo libraremos solos, la Unidad Óxido se compone de un buen puñado de combatientes cada cual con sus propias habilidades y con los que deberemos aprender a comunicarnos para sobrevivir. Con un sencillo interfaz que se abre con uno de los gatillos podremos mandarles que carguen contra el enemigo, que se reagrupen, que abran fuego o que nos cubran. Si logramos entablar amistad con ellos a partir de las respuestas que elijamos en nuestras conversaciones o demostrándoles nuestras aptitudes para el combate, responderán mejor a nuestras órdenes, se jugarán el cuello para llevarnos un botiquín cuando estemos malheridos y nos seguirán hasta el final. Nosotros también tenemos que cuidar de ellos, ya que si alguno cae la partida se acaba.

No siempre contaremos con todos ellos, pues la mayoría de las veces el grupo se dividirá teniendo que elegir a algunos de ellos para que nos acompañen. Sí he de decir que elegir a nuestro escuadrón es dificil, pues al no saber a ciencia cierta lo que nos vamos a encontrar en la siguiente batalla nos vemos obligados a jugárnosla a la hora de apostar por llevar a un francotirador o a un artificiero. Un pequeño defecto que en todo caso nos animará a probar con diferentes personajes cada cierto tiempo, pues por suerte se trata de indivíduos muy bien diseñados y la mayoría muy carismáticos, por lo que merecerá la pena conocer las historias de todos. Es sin duda uno de los grandes aciertos de Binary Domain, un grupo nada homogéneo y que da mucho juego tanto en el campo de batalla como en la historia, aunque sí es cierto que hay líneas de diálogo más acertadas que otras pese a estar perfectamente dobladas al castellano, lo cual es de agradecer si bien ciertas voces son bastante mejores que otras.

Me gustaría comentar este punto ya que el comienzo del juego puede dejar a más de uno algo frío, con chistes fáciles y bravuconadas entre Dan y su camarada Bo, y un tutorial tan práctico como absurdo, en el que para ensayar las órdenes al pelotón te invitarán a decir cada frase como si de una clase de primaria se tratara para después ser alabado como si hubieses realizado una gran hazaña. No está muy inspirado, es cierto, y es algo soso, pero si le dais una oportunidad descubriréis que tras este inciso hay un juego de acción frenética esperando.

Un juego que por supuesto ofrece un modo multijugador algo convencional aunque perfectamente válido con partidas del tipo capturar la posición o de supervivencia. Son divertidos, aunque no puedo dejar de preguntarme por qué no se ha dado la posibilidad de jugar la campaña principal en cooperativo tanto online como offline, ya que habría sido ideal.

En conclusión, Binary Domain es un divertido, adictivo, interesante y por momentos impactante. Con una dificultad muy asequible para aquellos que acabaran algo frustrados con otras propuestas de Sega como el buen Vanquish, y con algún añadido interesante pero no demasiado bien resuelto, caso del sistema de reconocimiento de voz para dar nuestras órdenes gracias al uso del micrófono, algo muy cómodo pero que se ve lastrado por algunos problemas derivados del ruido ambiente o la pronunciación. Puede que no llegue a situarse entre los más grandes de la industria pero la noche es joven y si llegan más secuelas podrán pulir su fórmula y hacer un juego aún más completo. Ojalá sea así.

NOTA FINAL: 8,2

 

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