Zoom a Castle. Temporada 4. Episodio 23. Final de temporada

En “Always” Beckett se enfrenta al hombre que la disparó un año atrás, lo que puede traer consecuencias muy graves.

Probablemente con lo que se quedarán los fans es con esas dos escenas entre Castle y Beckett. Dos escenas magníficamente escritas e interpretadas, cargadas de emociones y sentimientos que van desde el miedo, al enfado, al amor. Dos escenas intensas y románticas en las que los protagonistas se abren el uno al otro y acaban en el esperado beso entre ambos. Pero “Always” tiene mucho más.

 Este último episodio de la cuarta temporada de Castle es muy bueno. No solo por como resuelven la situación. En él vemos la relación de la detective y el escritor pero también la de Esposito y Ryan. Quizás la gente no entienda las acciones de Ryan o de Castle. Pero de hecho son ellos lo que al final salvan a Beckett. Castle lleva un año mintiéndola para protegerla, no porque sea una niña que lo necesite, si no porque cuando quieres a una persona la cuidas, la proteges y la intentas mantener con vida. Cuando Castle dice que la quiere y que no se va a quedar para ver como tira su vida por la borda lo dice en serio. Porque no merece la pena. Porque ha estado con ella siempre y ha pasado mucho por ella. Aunque Beckett crea que la ha traicionado ha hecho todo lo contrario, ha apostado por ella. Castle se da cuenta del error que cometió al traer de vuelta el caso de la madre de la detective y se da cuenta de que no merece la pena perder la vida por ello. Beckett tarda pero al final se da cuenta de lo mismo, y se da cuenta de lo que realmente importa: Castle ha estado con ella. Y en la hora en la que creía que iba a morir, Beckett no pensaba en su madre, o en pillar al asesino, sino en Castle.

Podemos  hacer paralelismos con Esposito y Ryan en la forma en la que afrontan el caso, al fin y al cabo Esposito tiene el mismo rol que la detective y Ryan el del escritor.  Y tiene sentido, como se ha demostrado en el episodio. Esposito sigue a Beckett sin hacer preguntas y la respalda en su cruzada porque es su carácter, es leal y combativo, pero Beckett está cegada y necesita perspectiva y que la pongan límites y eso es lo que hacen Castle y Ryan. Es curioso, porque parece que Beckett y Esposito son los protectores, por el oficio que desempeñan y por su carácter, pero en realidad son Castle y Ryan. Sin embargo, será interesante ver en la próxima temporada como resuelven Ryan y Esposito su pelea más importante hasta la fecha.

La segunda trama, más ligera, tiene que ver con la graduación de Alexis, que en realidad solo es un vehículo para el discurso final del episodio. Un gran discurso en el que habla de que tarde o temprano todo termina pero siempre te quedarás con algo que te ayudará a seguir adelante. También sirve para poner la nota emotiva. Castle ha terminado con Beckett, parece que Esposito con Ryan, el asesino  ha escapado, Beckett ha perdido a su compañero, y acaba de renunciar a su puesto, lo único que ha querido hacer en su vida. Pero no está todo perdido porque la detective tiene el valor para pedir perdón y abrirse a la persona que siempre ha estado con ella, aunque ella no lo creyera.

 Lo dicho, un buenísimo episodio que pone punto final a la cuarta temporada de Castle pero no  a la serie. Parece que continuaremos con la búsqueda del asesino de la madre de Kate, quizás ese sea el punto negativo del episodio y la temporada. Pues el caso se está haciendo largo y cansado, pero los guionistas de esta serie saben lo que se hacen  y nos dan una de cal y otra  de arena. Sí, seguimos con el caso, pero Castle y Beckett ya están juntos, que es lo que a muchos les interesa, y cambia la dinámica. Además Beckett acaba de renunciar, Alexis se va a la universidad y Castle tiene que adaptarse a que su hija crezca, y Ryan y Esposito no se hablan, no está mal para empezar la quinta temporada.

 Esta cuarta temporada ha aumentado en dramatismo y tensión. Muchos de los mejores episodios de esta tanda de 23 han sido intensísimos, pero los creadores no han perdido de vista el humor y han sabido hacer episodios ligeros muy bueno, cargados de humor, pero también de profundidad que han hecho más llevaderos los episodios más trágicos. Al mismo tiempo han avanzado mucho en las historias de los personajes, y no solo de los principales. Aunque nos gustaría saber más de los secundario. Pero Ryan se ha casado y ha tenido un episodio centrado en él, Esposito también ha tenido su parte de protagonismo profesional y personal, aunque la cosa no acabara bien con Lanie. Alexis ha pasado por su primera ruptura amorosa, la decepción por no haber sido aceptada en una universidad y luego graduarse en el instituto. Y Martha se ha convertido en una consejera estupenda y tuvo el mal trago de ser rehén en un atraco junto a Richard.

El cast, el equipo y los guionistas cada vez están más cómodos, se conocen mejor y también se dan el lujo de intentar cosas. La serie va madurando y va siendo cada vez mejor. Tiene sus fallos, como todo, algunos episodios flojos pero pocos, manteniendo la calidad y la regularidad. Además saben hacer las cosas,  saben cuando dejar las cosas a medias, cuando intrigar al público, y cuándo y cómo contentarlo.

 Así que seguiremos fieles a ella.

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5 comentarios

  1. Así he imaginado la noche de Castle y Beckett
    De la mano lo llevó a la habitación, le costaba mirarlo, a pesar de haber imaginado aquel momento cientos de veces no podía evitar sentir cierta timidez, así que decidió bajar la mirada, dejar sus miedos atrás y entregarse completamente a placer.
    Castle parecía hechizado  mientras saboreaba los labios de la inspectora Becket,  estaba disfrutando de cada beso, quería grabar a fuego en su memoria  cada sensación, cada roce de su lengua, cada aliento, no estaba dispuesto a olvidar nunca aquel momento.
    Becket sentía como los labios de Castle se desplazaban de su boca a su cuello, a su pecho, la embriagaba toda, pero no iba a perder el control, a dejarse llevar, ella disfrutaba llevando las riendas, le gusta sorprender, una sonrisa traviesa se dibujo en su boca, Castle no tenía ni idea, de lo que se le venía encima, ella estaba dispuesta a enseñarle esta noche un par de cosas…
    Despacio, recreándose en cada movimiento, fue desabrochándole la camisa, deslizó un dedo sobre su pecho, era la primera vez que veía a Castle sin camisa, y, francamente, estaba disfrutando, si el resto de su cuerpo era igual, la noche prometía ser muy divertida. Notaba en la garganta el latido de su corazón rugiendo con fuerza, la timidez inicial había desaparecido se sentía poderosa, segura de sí misma, no le quedaba duda de que iba a jugar con Castle hasta saciar todas sus ansias más íntimas. Físicamente hacía ya algunas semanas que se había recuperado, estaba a pleno rendimiento y ya era hora de probar si las horas de gimnasio y fisioterapia habían devuelto a su cuerpo toda la funcionalidad que había tenido siempre.
    Condujo a Castle hacia la cama y dejó que se sentara en el borde, sin dejar de mirarle, comenzó a desabrochar ella misma los botones que permanecían aún abrochados de su camisa, la cara de Castle, entre perplejidad, placer  y adoración, no hacía más que encender el fuego interior de Kate. Ya sin camisa se sentó sobre él,  lo abrazó con una mano, mientras con la otra agarró con firmeza su pelo y tiró hacía atrás  para  dejar completamente a la vista toda la extensión de su cuello y lo recorrió con su lengua, como un animal que saborea su presa antes de comérsela.
    Castle la rodeó con sus brazos, su respiración era acelerada; en cierta manera no acababa de creer lo que estaba pasando, hace solo unos minutos intentaba asimilar que una parte de su corazón debía ser enterrada, y ahora  esa parte estaba sin camisa, sobre él y devorándolo como una fiera salvaje. Conocía lo suficiente a Bekect como  para saber que posiblemente esta noche no significara nada, y que mañana tuviera que cavar de nuevo una tumba a su corazón, pero no le importaba, si ella quería devorarlo, estaba totalmente dispuesto a dejarla.
    Sentía puro fuego sobre él, sentía fuerza, deseo, pasión desatada y todos esos sentimientos se contagiaron en él, con pericia desabrochó el sujetador de Beket, y pudo disfrutar de sus tersos pechos, se entretuvo en besarlos, chuparlos e incluso pellizcarlos y por primera vez, escuchó gemir a Becket.
    Kate le empujó hacia atrás y quedó tendido sobre la cama, se miraron fijamente, ambos disfrutaban contemplándose, pero ella no iba a para ahí, con sonrisa traviesa y sin desviar la mirada, alcanzó el cinturón de su pantalón y lo desabrochó, ahora sí, Castle no pudo evitar cerrar los ojos y sumirse en el más absoluto placer.
    Castle perdió la noción del tiempo… y su ropa sin saber muy bien como, besó, acarició e incluso mordió. Kate era puro placer indomable, se sentía incapaz de controlarla, le envolvía, le llevaba, en definitiva le dominaba, no recordaba haber sido nunca un juguete sexual y ahora se preguntaba cómo es que no había buscado serlo antes.
    Estuviera encima o debajo, ella marcaba el ritmo, ella decidía como y desde donde regalarle placer, la oía gemir, la sentía estremecerse, aceptaba sumiso sus muerdos. El éxtasis era inminente  y sentía que en ella también, la contempló embobado mientras su cabalgar se hacía más rápido, más intenso, la atrajo hacía sí mientras ambos llegaban al orgasmo y sus gemidos se mezclaron.
    Ambos estaban empapados en sudor, respiraban aceleradamente y seguían abrazados. No paraban de besarse, de acariciarse,  al parecer no estaban saciados, habían contenido durante demasiado tiempo el deseo de conocerse íntimamente y un orgasmo no iba a frenar su pasión.
    Poco a poco recuperaron el resuello, pero las ansias de amarse  crecía en ellos, Kate no parecía cansarse, era incombustible, y empezaba a mirar fijamente a Castle de nuevo. Lo miraba mientras lo besaba, besó su cuello, su pecho, su abdomen, y siguió deslizando sus labios hasta besar el miembro de Castle, que poco a poco estaba dispuesto a darle placer de nuevo. Kate lo cogió entre sus labios y lo saboreó con deseo, escuchaba los gemidos de Castle, sintió como se estremecía  y se deslizó sobre él para volver a cabalgarle. Conforme se situaba encima Castle, sin separarse de ella, la levantó en el aire y de pie, contra la pared de su habitación, volvió a penetrarla una y otra vez, ella, a horcajadas sobre él, ceñía fuerte sus piernas a la cadera de Rick, mantenía el ritmo, le abrazaba, le besaba, se sentía incontenible. Le había sorprendido el ímpetu y la decisión  con que la había levantado, y lo estaba disfrutando, lo estaba disfrutando tanto  que no pudo evitar abrazarle fuerte y arañar su espalda, escuchó el gemido de dolor y a la vez placer que salió de la garganta de Castle, y como se intensificó su ritmo, estaba desatado, la mordió en el cuello, la presionó  aún más sobre la pared, y juntos volvieron a llegar al orgasmo.
    Kate, no podía dormir, su mente no se estaba quieta y las imágenes de todo lo que había ocurrido aquel día se deslizaban de manera vertiginosa a través de su cabeza. Miró el reloj, eran las 4:30 de la mañana. Tenía sed, así que decidió levantarse e ir a la cocina a por agua,  sonrió para sí: no tenía ni la más remota idea de donde había ido a parar su ropa,  Castle dormía plácidamente a su lado, podía oír su respiración acompasada,  no quería despertarle. Ashley, seguramente volvería mucho más tarde de su fiesta de graduación, así que no le dio más vueltas y, desnuda, hizo un viaje relámpago a la cocina. La noche estaba fresca después de la tormenta de aquella tarde, y la ventana del salón estaba abierta, en solo unos segundos regresó a la habitación, pero su desnudez, le había hecho volver helada.
    Se metió de nuevo en la cama y se acurrucó junto a Castle, su cuerpo estaba caliente, era una sensación agradable y reconfortante, tanto que poco a poco se acomodó totalmente sobre él, con la cabeza descansando sobre su pecho, escuchaba el rítmico latido de su corazón.
    Castle, la rodeó con sus brazos, no abrió los ojos, Beket le miró, su respiración no había cambiado, seguía dormido, seguramente sin saber si el hecho de que la inspectora estuviera sobre él, fuera realidad o un sueño.
    Sus manos comenzaron a acariciarla, a recorrer su espalda, su cadera, pero seguía dormido, Kate intentó zafarse de sus brazos, le gustaba dirigir el juego, le gustaba dominar, pero se encontró con que esta vez, no era capaz de desembarazarse de los brazos de Castle.
    Ella siempre había sido consciente del potencial físico del escritor, casi le doblaba en peso y se mantenía en buena forma, le había encantado su trasero,  pero hasta ahora, él se había mostrado dócil, cuando le había reñido, tirado de la oreja, de la nariz… bueno y solo un par de horas antes cuando le había quitado la ropa, besado, mordido, cabalgado… él siempre lo había aceptado, y sin embargo, ahora ella no conseguía escapar de sus brazos.
    Kate sonreía, no le gustaba ser dominada, pero no podía evitar sentir placer, sentir como las manos  de Castle eran capaces de abarcar todo su cuerpo sin apenas ser consciente de ello. Comenzó a besarle el cuello, recorriendo toda su mandíbula con la lengua… notó como suavemente las manos de Castle se apoyaban en sus caderas y la deslizaban hacia abajo. Se vio sorprendida cuando sintió como Castle la penetraba, una oleada de placer recorrió toda su espalda, lo abrazó más fuerte, lo sentía completamente dentro de ella mientras se dejaba llevar por el rítmico vaivén de placer  que sin saber muy bien como había provocado.
    Se sentía abrumada, arropada por sus brazos Castle la rodó hasta colocarla debajo, él se incorporó y se puso de rodillas y tirando suavemente de ella la llevó hacia atrás, hasta penetrarla de nuevo una y otra vez hasta que ambos volvieron a sumirse en un delicioso placer.
    Extenuados y felices, se sumieron en un dulce sueño.
     La luz del sol entró por la ventana, Castle  se giró en la cama intentando evitarla, poco a poco se fue despertando, confuso, desorientado, se sentía tremendamente cansado, los recuerdos se agolpaban de manera desordenada en su memoria, Bekect, su cuerpo, ese tatuaje… ¿habría sido un sueño?  Escuchó cómo se abría la puerta del baño y una oleada de satisfacción se manifestó en su cara, frente a él, con el pelo dulcemente revuelto y solo cubierta con una de sus camisas estaba Katherine Bekect, radiante y preciosa le miraba con una sonrisa absolutamente arrebatadora.

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