Análisis de Bioshock Infinite

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A veces, y tras mucho esperar, tenemos suerte y damos con un juego especial, que destila una personalidad propia y una magia que sus competidores, pese a ser punteros en muchas áreas dentro del mismo género, no logran igualar. Pasó con el primer Bioshock, aunque aquél partía con algo de ventaja respecto al juego que tenemos hoy entre manos. Era el inicio de una nueva generación, la tecnología cambiaba y, pese a su profundidad, era muy difícil resistirse al atractivo visual que nos ofrecía, con esa metrópoli submarina llamada Rapture y aquellos efectos de iluminación que marcaron un antes y un después. Bioshock Infinite lo ha hecho bien, no ha cometido los errores de la segunda entrega de la saga, que pese a ser notable, no consiguió sorprender al pecar de demasiado continuista a todos los niveles, desde la ambientación hasta la jugabilidad y los conceptos expuestos.

¿Cómo logra Infinite ser un juego tan notable saliendo cuando las actuales consolas están ya dando sus últimos coletazos y el motor Unreal ya denota su edad? Pues muy sencillo, con una presentación arrebatadora y un diseño que posiblemente sea el mejor de la historia reciente de los videojuegos, que ya es mucho decir. Y es que la acción emerge de las profundidades hasta alcanzar literalmente el cielo. Allí de sostiene Columbia, una ciudad suspendida en las nubes que es algo muy distinto a lo que habíamos visto en la franquicia o en cualquier otro título. Una urbe preciosista, en la que la iconografía americana y los suaves trazados envuelven unos escenarios majestuosos. Un mapeado enorme en el que cada rincón ha sido minuciosamente construido, sin dejar apenas nada al azar.

A esta ciudad llegamos encarnando al rudo Booker DeWitt, un detective endeudado cuya única salida se encuentra en cumplir la misión que le han encomendado, encontrar a una joven llamada Elizabeth y llevársela de Columbia donde se encuentra retenida. Poco más puedo decir, porque el guión es una pieza fundamental de este juego y vale la pena desentrañarlo poco a poco, sin necesidad de vídeos, todo desde el punto de vista del jugador. Para entender mejor los acontecimientos será imprescindible atender a las conversaciones de nuestro alrededor y coleccionar las grabaciones que iremos encontrando de personajes relevantes del lugar, que no tendrán ningún problema en tratar temas delicados como la exclavitud o la propaganda gubernamental de una manera inteligente y en cierto modo poco ordinaria. La diferencia entre las clases sociales o la religión también serán protagonistas en la vida diaria de una ciudad muy viva, en cuyas calles circulan viandantes y los comercios tratan de salir adelante como pueden.

Todo esto, desde luego, se acompaña por un apartado sonoro a la altura de las circunstancias, en el que hay que destacar un doblaje realmente cinematográfico y una música plagada de temas conocidos y mezcla de estilos de lo más satisfactorio. Recorrer los escenarios no es solo ver dirigibles entre las nubes y estátuas gigantescas coronar bellos jardines, es también descubrir nuevas melodías y guiños que resultan emocionantes.

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Pero claro, no es oro todo lo que reluce y Columbia guarda oscuros secretos que nos complicarán las cosas bastante. A la hora de entrar en combate con las autoridades o con cualquiera de las facciones que se disputan el control de la urbe, nuestra pericia con el gatillo será nuestra mayor aliada, recordándonos que nos encontramos ante un shooter al fin y al cabo. Metralletas, escopetas, rifles de francotirador, lanzamisiles… iremos haciendo uso de un amplio arsenal con el que abrirnos paso a balazos, porque aunque cuando queramos podremos volver a las zonas ya exploradas para recoger todos los coleccionables o reabastecernos, el desarrollo es bastante lineal. En los tiroteos tendremos espacios amplios en los que movernos con el fin de evitar el efecto pasillo y utilizar nuestra imaginación a la hora de usar la otra mitad de nuestro arsenal, los llamados vigorizantes. Son en realidad algo muy similar a los plásmidos del primer Bioshock, y con ellos optendremos habilidades especiales como quemar a nuestros enemigos, electrocutarlos, volverlos contra sus camaradas o lanzarlos por los aires entre otras muchas cosas. Se les podría haber aprovechado más para interactuar con el escenario, un aspecto que no se ha tenido demasiado en cuenta por las limitaciones tecnológicas, pero son la esencia de la acción de Infinite.

Los vigorizantes se rellenarán recogiendo sales, que al igual que la munición, prendas de ropa que nos darán bonificaciones, ganzúas y el preciado dinero, se encuentran por doquier en el suelo, armarios o enemigos caídos. Esto nos recuerda mucho a las anteriores entregas, aunque en esta ocasión tendremos más puestos de venta para gastar nuestros ahorros en mejoras muy diversas y la siempre eficiente Elizabeth. Nuestra acompañante, que hace gala de una inteligencia artificial a prueba de bombas, nos proveerá de suministros en momentos duros del combate o entre secciones, por lo que siempre será una ayuda y nunca un estorbo. No puede morir, por lo que no tendremos que protegerla a conciencia, algo que encanta a algunos y decepciona a otros en busca de una mayor dificultad.

Dificultad mucho más estable que en sus predecesores. Si morimos, Eli nos revivirá aunque perderemos algo de dinero y nuestros enemigos recuperarán algo de su vitalidad. Es justo. También nos echará una mano gracias a su extraña habilidad para crear pequeños portales en los que importar objetos que nos ayudarán a vencer a nuestros enemigos o llegar a lugares inaccesibles. Como os podéis imaginar, no solo encontraremos a nuestro paso policías o rebeldes, sino también algunas criaturas más duras de pelar como los mecanizados Patriotas, que portan una ametralladora pesada, o los ágiles Handyman, herederos espirituales de los toscos Big Daddies, entre otros.

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La presencia de Elizabeth es crucial en la historia, y es muy gratificante ir viendo cómo se desarrolla su relación con DeWitt. Su historia avanza con calma, de hecho sus creadores se han permitido incluir niveles prescindiendo de combates con el fin de atender a la narrativa. Es probable que la cojáis mucho cariño, y es que casi antes del lanzamiento del juego ya se había convertido en uno de los iconos de la industria más reconocidos por prensa y público. Prepararos para ver muchos clones de ella en las próximas exposiciones y eventos del sector.

Por tanto, la acción en sí misma no ha tratado de innovar apenas, es un shooter que se acerca a otros juegos añadiendo aspectos como el escudo, que se irá diezmando según recibamos daño hasta que debamos preocuparnos por nuestra vida. Lo que sí es digno de comentar es el gancho, con el que además de golpear a nuestros adversarios en el cuerpo a cuerpo, nos servirá para colgarnos de raíles y viajar a distintas zonas, a veces incluso peleando al mismo tiempo. Al principio no es fácil y deberemos practicar las direcciones y los saltos a las plataformas hasta acostumbrarnos a su funcionamiento, pero su uso deja algunas de las instantáneas más alucinantes de Bioshock Infinite.

En Irrational Games se han tomado su tiempo para finalizar el juego, pero viéndolo no extraña para nada. Hay tantos diseños y tanta belleza cada vez que cruzamos una puerta que a veces abruma. Es difícil cansarse de su ambientación, y aunque a nivel jugable no descubre América y a veces sentiremos que las ideas comienzan a desgastarse, es entretenido desde el inicio gracias a que a las pocas horas de empezar a jugar ya contaremos con muchas posibilidades en forma de vigorizantes, armas y atributos. No es un juego sorprendentemente largo, ni tiene multijugador, aunque tampoco lo necesita en exceso. El secreto para sacarle el máximo partido está en caminar con calma, explorar todo lo explorable y empaparnos de su universo atendiendo a los vídeos, grabaciones y documentación.

Se le pueden sacar pequeñas pegas, como la ya comentada falta de ambición en el terreno jugable o algunas texturas que se resienten en las versiones de consola, además de ciertos elementos que tienden a repetirse como por ejemplo los rostros de los ciudadanos de Columbia. Cosas que, si se ve todo en su conjunto, resultan muy poca cosa ante un juego tremendamente disfrutable. De hecho, deberían darle una oportunidad incluso aquellos que no quedaron muy convencidos con los anteriores Bioshock, pues se ha realizado un esfuerzo para abrirlo a un mayor número de jugadores.

Ya sabéis, el cielo es el límite. Tanto que no hemos llegado a la mitad del año y ya tenemos uno de los firmes candidatos a convertirse en el GOTY de 2013.

NOTA FINAL: 9,2

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4 comentarios

  1. A mí el primero me dejó frío, no acabé de cogerle el tranquillo pero la verdad es que el nuevo pinta fenomenal. Tengo que echarle un vistazo a ver…

  2. He de decir que a mi me gustaba poder morir de manera infinita… pero es porque tiendo a morir mucho en los juegos XD Apunto el juego en mi lista de indispensables, entre la buena pinta que tiene y la critica que has hecho de él ya no me lo pienso mas 🙂

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