Análisis: Rayman Legends, el imprescindible del verano

RaymanLegendsTener un gran juego entre manos no es difícil de percibir. A veces basta con encender la pantalla y posar tus dedos en el mando para que la partida desprenda ese ‘algo’ mágico que solo los grandes consiguen tener. Otras veces, hay que machacar un rato los botones y dejarte llevar por lo visual para cogerle el punto a la propuesta de los desarrolladores, aunque felizmente hemos de decir que el caso de Rayman Legends se corresponde más a lo primero.

Legends es un juego lleno de virtudes, y la gran mayoría son patentes casi a primera vista. Es un juego colorista, vistoso, entrañable, preciosista y con ese sabor ‘retro’ que tanto nos gusta. Hace dos años Origins resucitaba de manera sobresaliente un personaje mítico de la industria recuperando contra todo pronóstico el estilo de juego original, las plataformas en dos dimensiones, con un apartado gráfico acorde con su diseño en el que el dibujo destacaba por su sencillez y su originalidad.

Ahora, la continuación directa del título no ha querido reinventar nada, algo que es de agradecer. Más bien, mejorar lo visto llevando a cabo un trabajo espectacular a todos los niveles. En el artístico, donde los personajes rezuman simpatía y los escenarios son más variados y bellos que nunca. En el diseño, con una construcción de los escenarios inteligente y enrevesada, llenos de secretos por descubrir que fomentan su rejugabilidad sin llegar en ningún momento a resultar excesivamente intrincados. En la jugabilidad, con controles precisos y a la vez tan sencillos como llenos de variantes y posibilidades. Y por supuesto, en el sonoro, que no se ha descuidado un ápice con el fin de configurar una experiencia redonda.

Puede que la historia sea lo más básico del título. ¿Y qué? Para eso Ubisoft ya tiene Assassin’s Creed, aquí lo que prima es la diversión desde que insertamos el disco, por lo que basta saber que el Claro de los Sueños vuelve a tener problemas y, tras una larga siesta de esas que acostumbran a pegarse, Rayman y sus amigos deberán ponerse manos a la obra para detener a una nueva horda de demonios y salvar a los diminutos de sus garras.

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En total hay 700 distribuídos por todo el juego, y su búsqueda es el verdadero objetivo de la aventura. No basta con pasar los niveles como un rayo, hay que hacerlo cuidadosamente con el fin de recuperar el máximo número de ellos posible ya que serán los encargados de desbloquear nuevos niveles que jugar. La mayoría están desperdigados por la fase, atados a un poste, encerrados en una jaula o sufriendo las fechorías de las criaturas del lugar. Sin embargo, dos de ellos, los reyes, estarán algo más escondidos, en estancias en las que deberemos superar minijuegos para conseguir liberarlos.

Los niveles son muy diferentes tanto en los entornos, la jugabilidad y el ritmo. Hay seis episodios en forma de cuadros en los que al introducirte de un salto se desplegarán las diferentes fases que componen ese mundo. Comenzaremos explorando un castillo, desde sus alrededores pasando por las mazmorras, a veces en un claro homenaje a algunos clásicos de la época dorada del 2D como Super Mario Bros., y acabando en sus murallas en mitad de un espectacular asalto. Habrá pantanos, habrá lugares cargados de tecnología y robots, fiestas mexicanas y abismos oceánicos entre otros.

En cada uno de ellos nos moveremos saltando de saliente en saliente teniendo muy en cuenta sus peculiaridades para avanzar satisfactoriamente, pues no se juega exactamente de la misma manera en una superficie de arenas movedizas que en un bosque en el que levitar utilizando las corrientes de aire será esencial para alcanzar los lugares más altos. En todos ellos realizar acciones como esprintar, nadar o volar será tan sencillo como pulsar las flechas de dirección y dos botones, todo con una precisión notable.

Jugar la campaña cobra una mayor emoción en fases en las que correremos contra la pantalla para que no nos alcance el fuego o algún otro tipo de derrumbamiento, indispensables en los tramos finales de cada sección o en los rescates de los personajes extra, y las muy logradas fases musicales, en las que avanzaremos al son de la música que se complementará de efectos rítmicos que surgirán por cada golpe que demos o enemigo que derribemos. Un verdadero deleite de jugar, os lo aseguramos.

Un curioso añadido con gran peso en el juego es el de Murfy, un ser volador de lo más risueño que acudirá en nuestra ayuda siempre que haga falta y que interactúa con el escenario de diversas formas. Pulsando un simple botón (ha sido bien reciclado de la versión de Wii U donde se controla con el pad) Murfy accionará palancas para subir y bajar plataformas, nos abrirá paso en ciertos niveles, cortará cuerdas e incluso hará cosquillas a los enemigos más pesados para poder derribarlos de un buen puñetazo.

Los jefes finales son tan grandes como los recordábamos y por supuesto un derroche de imaginación. Son incluso algo más desafiantes que de costumbre, pues deberemos aprender la forma en la que se mueven y el orden de sus ataques hasta conseguir superarlos, normalmente en superficies en las que estaremos a su merced.

Ni que decir tiene que con todo esto la vida del juego es realmente larga, y más con los modos adicionales que Rayman Legends pone a disposición de sus fans en lo que creemos es un regalo del equipo a los compradores, especialmente en lo que se refiere a Return to Origins. Es, como su propio nombre indica, la oportunidad de rejugar gran parte de los niveles del juego lanzado en 2011, con ciertos retoques para adecuarse a la experiencia actual. Esto supone un valor añadido importante especialmente para aquellos que en su día no disfrutaron del triunfal regreso del personaje a la actual generación, y por supuesto un detalle que ojalá fuese imitado por tantos estudios que lanzan año tras año secuelas de sus principales franquicias.

Aparte, encontramos otros modos como el Invasion, una corta e intensa contrarreloj en la que deberemos sacar lo mejor de nosotros mismos para llegar a la meta; el modo Challenge, desafíos multijugador; y sobre todoel Kung Foot, tan sencillo como adictivo. Se basa en jugar a un “campo a campo” con otra persona anotando tantos en unas porterías ligeramente elevadas con un balón de fútbol a base de patadones. ¡Y es divertidísimo!

Rayman Legends nos ha gustado tanto que es muy difícil ponerle algún ‘pero’, aunque lo vamos a intentar. Y es que ya se está hablando mucho de la escasa penalización a la hora de morir en el juego, pues ser abatido supone volver a un punto de control que suele fijarse no mucho antes de haber interrumpido el progreso. Aún así, esta crítica tiene dos caras, por un lado los jugadores más exigentes y puristas sentirán que no es suficiente castigo a aquellos que no sean suficientemente rápidos con los botones, mientras que precisamente el público más casual o los menos hábiles agradecerán esta ayuda que evitará que abandonen el juego por pura frustración.

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Si jugamos en modo cooperativo, pues el juego da la posibilidad de hacerlo con hasta cuatro jugadores simultáneos en offline, las ventajas serán todavía más evidentes. Si alguno da un paso el balde y muere por cualquier motivo, el personaje se hincha como un globo que podrá dirigir hasta algún compañero que, con un simple golpe, podrá devolverlo a la partida.

Jugar en compañía es como más se disfruta Rayman Legends, y será esencial para cooperar y descubrir hasta el último secreto de los niveles. Como contrapartida, si un jugador tiene más experiencia que los otros, en ciertas fases como las de correr contra la pantalla es posible que si no tiene cuidado deje atrás a sus amigos con facilidad haciendo que ese pasaje en concreto se acerque a la experiencia en solitario que probablemente pretenda evitar.

Más allá de estos matices, que disculpamos sin ningún tipo de problema gracias a la sensacional calidad del juego en su conjunto, decir que Michael Ancel y su equipo han conseguido enamorarnos de nuevo. Legends es un juego hecho con mucho cariño y que mezcla a la perfección lo que debe tener una gran producción con los valores que están recuperando tantos juegos indie que semana tras semana llegan a XBLA o PSN y que logran tan buena recepción entre crítica y público.

No es un título en 3D pero tampoco lo necesita, sus escenarios cuentan con tantas capas que ya estemos en un bosque o en las almenas de una fortaleza disfrutaremos con todo lujo de detalle de fondos muy dinámicos y de gran espectacularidad. Si a sus valores visuales le añadimos su maravilloso diseño, su intachable control y la fantasia que desprende continuamente, no nos queda más remedio que afirmar que se trata de uno de los juegos imprescindibles de la generación y que todo el mundo debería disfrutar, salvo quizás si el género de las plataformas les disgusta profundamente.

Era muy difícil pegar tan fuerte como lo hizo Origins, pero no imaginamos mejor secuela. Ya estamos ansiosos por conocer cuál sera el próximo proyecto de Ancel, y la culpa es de Rayman.

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