GTA V y el concepto de “juego total”

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Siempre me ha gustado el tratamiento que reciben los títulos de Rockstar por parte de sus desarrolladores. La política de realizar grandes inversiones para crear juegos en los que la ambición vaya de la mano de la calidad siempre es positiva para la industria, que año tras año corre el riesgo de saturarse con esas nuevas tendencias basadas en los lanzamientos de una nueva entrega de las franquicias de éxito contando con un escaso margen para la innovación o, simplemente, para sorprendernos.

Han pasado más de cinco años desde el lanzamiento de GTA IV, por lo que como podéis ver la quinta entrega se ha tomado su tiempo hasta aterrizar en las tiendas. Y tampoco es que hayamos sido bombardeados con trailers y spots de manera continuada, pero eso a esta saga tampoco le hace falta. Del mismo modo se puede permitir comercializarse exclusivamente en Ps3 y Xbox 360, consolas que ya dan sus últimos coletazos antes de la llegada de sus sucesoras, esa nueva generación que lleva dos años copando las portadas de la prensa especializada, como si el entretenimiento estuviese sujeto únicamente a la irremediable evolución tecnológica, que a veces no es sinónimo de originalidad.

GTA V, por tanto, ofrece una experiencia para ser disfrutada por la gran mayoría de la audiencia actual, y lo hace exprimiendo todo lo posible las máquinas que ya tenemos enchufadas en el salón de casa. Es una superproducción que, al poco de empezar a disfrutarse, nos muestra el por qué de esos 200 millones de presupuesto, algo que si bien es cierto no está al alcance de todas las compañías, está justificado en varios aspectos. El más importante de todos, el ansia por lograr dar forma al concepto que titula este artículo, el de “juego total”.

Los que hayan jugado a Grand Theft Auto en los últimos años, por lo menos en sus versiones en tres dimensiones cuando se dio forma a esa fórmula ganadora que ha convertido a la marca en un éxito sin precedentes, que no se piensen que esta nueva entrega ha roto con nada. En general, sigue teniendo esos elementos que tanto gustan a algunos como una ciudad inmensa por la que conducir y esas tramas criminales tan irreverentes, que al mismo tiempo no lo hacen apto para otro tipo de público que, por gustos o por edad, no disfruten de su grosería, su lenguaje de la calle o su violencia, que es una constante en su desarrollo.

Donde sí se ha visto un salto exponencial es en la recreación de ese mundo abierto, de esa idea de sandbox que ellos mismos crearon en su día, que se ha convertido en un género en sí mismo y en la que, seamos claros, no tienen rival. No solo es la vida que desprende cada rincón de la urbe, sino también el detalle de sus entornos o la gran variedad de actividades que se pueden realizar.

Porque sí, el jugador impaciente podrá centrarse en la trama principal, muy lograda y ya de por sí mucho más larga de lo que estamos acostumbrados. Pero es que optar por la vía rápida supone perderte el 75% de lo que te espera en el juego, y son horas y horas de exploración submarina, caza en la montaña, partidos de tenis, competiciones de motos de agua, hacer piruetas pilotando un avión, ganarte un dinero extra conduciendo un taxi o remolcando coches con la grúa, comprar propiedades, jugar un partido de golf… Hay tantas cosas por hacer, más allá de un buen surtido de misiones secundarias que irán apareciendo en nuestro mapa, que nos llevaría varias páginas describirlas, aunque el encanto de GTA V es simplemente descubrirlas.

Impresiona cómo cada uno de estos minijuegos ha sido incorporado con gran cuidado, con una jugabilidad propia muy cuidada que en cierta manera nos hace pensar que en un solo disco tenemos el último juego de Tiger Woods, Virtua Tennis, Cabela’s, Need for Speed o Crazy Taxi entre muchos otros. Puede que estemos exagerando, pues en definitiva son complementos que carecen la de profundidad de estas otras sagas, pero la diversión de muchos de ellos está fuera de toda duda y hacen que las semanas que nos llevaría completar el juego se transformen perfectamente en meses con las posibilidades de rejugabilidad que todo esto conlleva.

Además, hay otro aspecto importante en lo que fallan tantísimos juegos del género, y es el gran cuidado que han tenido de hacer que las misiones sean diferentes entre sí, algo que ya vimos en Red Dead Redemption. Era difícil no tener la impresión en entregas como GTA IV que al pasar el ecuador del juego todo se resumía en ir a un lugar con tu coche, pegar cuatro tiros, acabar con alguien y volver por donde habíamos venido. Una sensación que ahora por fin de diluye.

Y ya que mencionamos el fabuloso western de Rockstar, decir que hay mucho de otros de sus juegos en el que nos ocupa, sistemas que han ido incorporando como el de los tiroteos de Max Payne 3, que vienen a mejorar esa jugabilidad cuando el personaje va a pie que tantas críticas suele recibir, sin olvidarnos de otros factores como sentido del humor de Bully o de anteriores entregas de Grand Theft Auto.

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La esencia de la franquicia sigue estando muy presente, especialmente en los personajes, uno de los puntos fuertes del juego en cuanto a innovación dándonos la posibilidad de manejar a alguno de los tres protagonistas cuando queramos. Todos son diferentes y tienen su propio lenguaje y habilidades: Trevor, loco y violento que curiosamente acabará siendo el más memorable de todos; Michael, la voz de la experiencia en cuanto a vida criminal; y Franklin, el chico de los barrios marginales que es todo un as al volante y que quiere aprender el arte de robar bancos del mejor. El poder cambiar de uno a otro para que nuestros golpes sean ejecutados tal y como habían sido planeados es todo un soplo de aire fresco que se agradece y mucho.

Esto es, por tanto, el concepto de “juego total”. Es en definitiva una muestra de respeto enorme para los jugadores, que puestos a desembolsar unos 70 euros en un juego, bien merecen gozar de una gran inmersión, infinidad de horas de juego, variedad y mucha, mucha calidad. De hecho, en octubre llega GTA Online, el modo gratuito que le venía faltando a la saga y que bien puede hacer que el juego se quede junto a nuestra consola infinitamente. A esto se refería Strauss Zelnick, director ejecutivo de Take-Two, cuando le preguntaron sobre el daño que la segunda mano hace a la industria del videojuego. Porque no es necesario lanzar DLCs semanalmente para enganchar al jugador, o introducir la conexión obligatoria a internet en las consolas para poder jugar. El camino, en realidad es hacer exactamente esto, un juego del que no te quieras desprender, un “juego total”.

GTA V lo es, o al menos lo será hasta la siguiente entrega en la que la tecnología posibilite a sus creadores dar un salto de gigante llevando lo que hemos visto en la ciudad de Los Santos un poco más allá. No será pronto, pero hasta entonces tenemos Grand Theft Auto para rato.

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