Damas y caballeros, bienvenidos al maravilloso espectáculo de Puppeteer

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Toda generación ha de tener un puñado de juegos que son difíciles de clasificar, rarezas que enriquecen un catálogo de por sí plagado de franquicias de éxito que evolucionan secuela tras secuela partiendo de la misma fórmula con más o menos innovación. El título que nos ocupa llega justo cuando PS3 está a punto de dar la bienvenida a su sucesora, un relevo tecnológico con el que las compañías prometen un mayor riesgo en sus títulos aprovechando las capacidades de la nueva plataforma.

Puppeteer demuestra de manera ciertamente sorprendente que la originalidad no está sujeta directamente a la llegada de sistemas más avanzados, sino que las buenas ideas y una gran labor artística son capaces de dar al público experiencias de lo más gratificantes. En este caso concreto, Japan Studios ha querido introducir al jugador en un mundo de fantasía en forma de función de marionetas ejecutada a la manera nipona pero sin perder aquellos referentes occidentales que hacen que su desarrollo sea tan variado como divertido.

La historia se centra en el pequeño Kutaro, un niño convertido en muñeco para el disfrute del cruel Oso Luna, un tirano que se ha adueñado del reino de la Luna y que por las noches roba las almas de los infantes para que sirvan como esclavos en su castillo. Gracias a la ayuda de unas tijeras mágicas llamadas Calibrus y de una bruja de dudosas intenciones, Kutaro iniciará un viaje para derrocar al cruel monarca y devolver la libertad a los habitantes de esas lejanas tierras.

Que no os engañe su premisa infantil, el juego hace gala de una ambientación de lo más macabra que queda bastante rebajada gracias a un sentido del humor casi constante y unos personajes de lo más pintorescos que iremos conociendo a lo largo de nuestras aventuras, que comenzaremos en una oscura fortaleza hasta adentrarnos en parajes tan atractivos como un bosque animado, un barco pirata, el fondo del océano o un desierto desolado entre otros muchos que visitaremos a lo largo de siete capítulos divididos en tres actos cada uno.

Es cierto que a Puppeteer hay que darle una oportunidad y no es un juego que debamos valorar por su primera hora. El comienzo puede llegar a ser un tanto frustrante en cuanto a la comprensión del guión, a lo que se une una narración un tanto peculiar a la que habrá que acostumbrarse. Por si esto fuera poco, pasará algo de tiempo hasta que el protagonista comience a equiparse debidamente y adquiera habilidades que serán esenciales para superar los muchos obstáculos que encontrará. Sin embargo, todo va de menos a más, y casi sin darnos cuenta el juego nos enganchará a la partida de una manera asombrosa.

Se trata de una aventura de plataformas en 2D con escenarios en 3D que en cierto modo nos recordará a otras joyas de la corona como LittleBigPlanet, aunque ya avisamos que en cuanto a mecánica y control difieren sustancialmente. Kutaro salta y corretea de manera mucho más precisa que Sackboy, y además lo hará en escenarios más reducidos. La razón es, precisamente, que todo lo que vemos en pantalla se esfuerza por representar un espectáculo de títeres, hasta el punto de que los escenarios con construidos y reconstruidos continuamente y con gran rapidez y atención por el detalle. Sus elementos se mueven y se sostienen exactamente como lo harían en la realidad, y la acción se irá siguiendo con uno o varios focos de luz según procesa mientras el público expresa su júbilo, su asombro o su temor mediante vítores o murmullos, un aspecto que cabe destacar en pos de dotar de coherencia al espectáculo.

Kutaro hará buen uso de sus tijeras tanto a la hora de acabar con sus enemigos como para llegar hasta puntos inalcanzables, siempre rasgando y cortando diversas telas y otras superficies que irán surgiendo a su paso. Es, sin duda, uno de los puntos más curiosos de Puppeteer, respaldado por un apartado técnico al que apenas podemos reprochar nada.

Otro aspecto importante será la recolección de cabezas. A Kutaro le ha sido arrancada la suya propia, aunque como es una marioneta no tiene ningún reparo en tomar prestada cualquiera de entre una gran variedad de modelos. Podremos cargar tres a la vez, y quedarnos sin al menos una supone la muerte del personaje. Claro que por suerte, si cualquier golpe nos decapita dispondremos de unos segundos para recuperarla del suelo y seguir con nuestra misión, algo que atenúa la dificultad, por otro lado muy progresiva.

Ir avanzando en la aventura nos dotará de objetos que serán indispensables para realizar acciones determinadas. Un poderoso yelmo nos permitirá por un tiempo limitado protegernos de casi todos los ataques, un gancho hará que podamos tirar de palancas fuera de nuestro alcance y las bombas ninja nos librarán de trampas o dañarán a los peores enemigos.

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Porque sí, el juego está repleto de jefes finales que nos requerirán el dominio de todas estas destrezas para poder derrotarlos. Todos ellos son de lo más variado y su diseño en algunos casos es simplemente soberbio. Todos atienden a una serie de rutinas en sus ataques que serán fácilmente identificables hasta dar con su punto débil. Cangrejos mecánicos, pulpos gigantes, tigres… el rey Oso Luna tiene muchos generales con los que intentar frustrar nuestros planes.

Existe un modo cooperativo offline para poder jugar con un amigo de una manera bastante bien ideada. A Kutaro siempre le acompaña uno de sus amigos revoloteando a su alrededor, ya sea un curioso gato lunar o un hada de humor variable y que nos deja, junto con la bruja, algunos de los momentos más hilarantes de ver. Pues bien, este personaje secundario puede ayudar al protagonista descubriendo cámaras ocultas en los escenarios, moviendo láminas y objetos para recolectar cabezas o trozos de estrella o salvando niños perdidos. A veces, cuando la acción se acelera en fases sobre raíles o estamos luchando contra algún jefe, su manejo se antoja ciertamente complicado, por lo que un compañero haciéndose cargo de su control con un segundo mando es simplemente ideal para llegar al final al máximo. Claro que también es cierto que el papel de Kutaro es mucho más relevante y más divertido que el de su compañero, por lo que el papel de ambos está bastante descompensado.

Los personajes que iremos conociendo son, en su mayoría, muy divertidos. De hecho, muchos de ellos vienen a compensar el limitado carisma del pobre Kutaro, que por no tener una cabeza propia y pasarse la aventura sin decir una palabra pierde algo de identidad. En todo caso, está rodeado de un gran reparto en el que iremos profundizando gracias a la gran cantidad de escenas que presenciaremos entre nivel y nivel, largas y que merecen la pena por la gran calidad de las animaciones, toscas al tratarse de un espectáculo de títeres articulados y a la vez perfectamente estudiadas.

La rejugabilidad del título está fuera de toda duda. Básicamente porque, muy al estilo de lo que ocurre con los juegos de Lego, completar el juego al 100% nos llevará tiempo y completar la mayoría de los niveles más de una vez. Recoger todas las bonificaciones, las diferentes cabezas y acceder a las fases extra no es tarea sencilla y necesitarás volver a algunos escenarios ya con todas las habilidades desbloqueadas para utilizar ciertos mecanismos y abrir nuevos caminos, algo que también se consigue activando las acciones especiales de ciertas cabezas recuperadas.

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El luego también destaca y mucho en el apartado sonoro. La banda sonora es una maravilla, siguiendo el curso de los acontecimientos según la tensión del momento pero sin perder ese toque de fantasía de todo cuento que se precie. Así mismo, cuenta con las voces de dobladores de primera línea, siendo una delicia escuchar su interpretación. Los momentos musicales, que hay varios y en el momento más inesperado, sí han mantenido los coros en inglés para no perjudicar a la melodía, pero vienen perfectamente subtitulados al castellano.

El juego de Japan Studios, precisamente por esa condición de rareza de la que hablábamos al principio, es muy probable que no tenga continuación, pero es que sinceramente ni falta que le hace. Se trata de una obra memorable, una aventura para paladares exquisitos y que convencerá a aquellos que estén dispuestos a probar algo que seguramente no habrán experimentado antes. Un deleite visual y jugable que demuestra el buen hacer de sus creadores, quienes han tenido las cosas muy claras desde el primer momento en el que empezaron su diseño. Un broche de oro para esa PS3 que según Sony todavía tenga mucho que decir. Con lanzamientos así, tendremos que creerles.

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