Analizamos Assassin’s Creed: Black Flag para Xbox 360 y PS3

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Hay que reconocerle a Ubisoft Montreal su indudable capacidad para encontrar escenarios atractivos y relativamente vírgenes para desarrollar los juegos de la saga Assassin’s Creed, algo que a mi modo de ver es una pieza fundamental de su éxito. La primera entrega destacó llevándonos a las Cruzadas, con ese oriente gris y devastado por los sucesivos conflictos en Tierra Santa donde conocimos la orden que da sentido a los juegos y sus enemigos más acérrimos, los Templarios. Luego la franquicia nos  deslumbró con la Italia renacentista, aún menos explotada y que contó con una maravillosa recreación de ciudades tan majestuosas como Florencia, Venecia o Roma, e incluso cerrando el círculo con una conclusión que nos acercaba a Turquía. La tercera entrega dio un salto a nivel continental para proponernos meternos de lleno en otro conflicto histórico que cambiaría para siempre el mapa del mundo, la Guerra de la Independencia de las colonias británicas, desde el punto de vista de un joven indio con cierta herencia europea. Ahora, Black Flag retrocede ligeramente para ahondar en otra época convulsa pero llena de posibilidades, la Edad de Oro de los piratas.

Nada más comenzar nos pondremos a los mandos de Edward Kenway, apellido que muchos recordarán de la aventura con Connor, un joven deseoso con hacer fortuna que se enrola en una nave bucanera hasta un fatídico encuentro con un asesino renegado al que suplantaremos con el fin de finalizar su misión y así cobrar la recompensa prometida. Muy pronto se dará cuenta de que anda metido en una compleja conspiración que involucra tanto a la orden de asesinos como a los Templarios, dos facciones en busca de El Observatorio, un lugar místico con un poder que puede desequilibrar la balanza entre las principales potencias mundiales. De este modo, emprenderá un camino lleno de pólvora y acero abordo del Jackdaw en el que conocerá a algunos de los piratas más reconocidos de su siglo.

Bien, es cierto que seguramente sea la ambientación más trillada de todas en el mundo de los videojuegos, pero dada la profundidad del modo historia en ámbitos como la exploración, el desarrollo naval o simplemente el argumento bucanero del que hace gala, es difícil no pensar que es el mejor de cuantos hemos visto corriendo en nuestras consolas o compatibles. No es un producto extremadamente original, y tampoco varía significativamente la fórmula que aquellos que llevan siguiendo la serie desde hace años tienen más que trillada. Simplemente, Black Flag hace repaso de todo aquello que ha funcionado o ha fracasado en las anteriores entregas con el fin de crear la experiencia Assassin’s Creed más completa de los últimos años eliminando aquellos puntos negros que han ido lastrando los títulos previos. De esta forma, ya no veremos el engorroso sistema de comercio de Assassin’s Creed III o la defensa en las barricadas de los acólitos de Ezio, se ha preferido centrar los esfuerzos en aquellos aspectos que siempre nos han convencido, como la infiltración que ha sido potenciada con una mayor variedad de animaciones del personaje principal para una mejor ejecución de sus movimientos, o que recientemente han dejado un gran sabor de boca a los fans, como el manejo del barco que ahora sí es fundamental para progresar en el juego.

Formar tu tripulación pirata, cuidar de su aprovisionamiento abordando otros barcos, evitar tormentas que pueden hacernos acabar en el fondo del mar, mejorar el casco o nuestros cañones para ser más eficaces en combate, vender mercancías en los puertos, acabar con las defensas de las fortificaciones para conquistarlas con nuestros hombres, pescar ballenas o sumergirnos en busca de tesoros… todo forma parte de la vida de un pirata en el Caribe. Mantenernos bien equipados y tener un barco a la última nos posibilitarán navegar por los mares, explorar una cantidad abrumadora de islas, recolectar mapas de tesoros, echar el ancla en las ciudades más prósperas o sacar beneficio de los barcos españoles y británicos que se disputan el dominio de unas aguas donde la bandera negra no está ni mucho menos bien vista. El control del barco ha sido convenientemente pulido, los abordajes son más espectaculares y nos permiten finalizarlos como deseemos -podemos hundir el barco para aprovechar sus recursos, perdonar a la tripulación para reducir nuestro nivel de búsqueda o añadirlo a nuestra flota- y las batallas navales siguen siendo intensas y divertidas.

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Claro que nuestros viajes serán bastante movidos y es posible que tengamos la sensación mientras exploramos de que nos desviamos a menudo de nuestros objetivo con distracciones como conflictos en las numerosas aguas en las que a priori no nos está permitido navegar o náufragos que piden nuestra ayuda y que podremos recoger. Es parte de la inmersión que los responsables de Black Flag pretenden integrar en la partida y uno de los motivos por el que completar el juego puede llevarnos una ingente cantidad de horas. Además, existen los puntos de viaje rápido, por lo que cuando tengamos desbloqueado la mayor parte del mapa podremos transportarnos directamente a las zonas de interés tras unos segundos de carga, algo que no existe si viajamos en tiempo real.

Convertirnos en un pirata no es tarea fácil. Es cierto que, por suerte, no tendremos que afrontar un prólogo de unas cuatro horas como ocurría en el tercer juego antes de controlar al protagonista de la trama. Sin embargo, el aprendizaje es tan progresivo que casi llegando al ecuador de la historia principal seguiremos descubriendo cómo realizar ciertas acciones gracias a las guías de la pantalla y a personajes secundarios que nos aconsejarán siempre que sea preciso. Lo que es bastante desacertado es que algunos sectores donde realizar acciones determinadas como sumergirte en busca de cofres hundidos se activen en el mapa mucho antes de poder iniciarlos debido a que todavía no hemos sido sometidos al entrenamiento de rigor, algo que es un tanto frustrante y que nos hará dar más de una vuelta innecesaria.

Más allá de la navegación, no sería un Assassin’s Creed sin las misiones a pie. Muy poco que comentar que los veteranos no sepan al dedillo, pues pese a la variedad de misiones todas y cada una de ellas nos sonarán de otras entregas. Correr por los tejados para atrapar a un ladronzuelo, pasar desapercibidos entre el gentío, eliminar con la hoja oculta a un objetivo, seguir a varios sujetos con la vista de águila mientras escuchamos su conversación o combatir sable en mano con el consabido juego del ataque y el contraataque, todo sigue intacto. Claro que ahora se premia más que nunca el sigilo, dada la dureza de las peleas cuando hay un buen número de enemigos en pantalla, aunque ciertos artilugios y la pistola igualarán la situación o nos facilitarán salir de un apuro en un momento dado.

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Explorar las junglas es toda una delicia, ya que son ricas en vegetación y nos dejarán algunas vistas de postal que merece la pena admirar con detalle. Calas de agua azul cristalino, ruinas antiguas medio derruídas, sendas ocultas… paisajes donde perderse llenos de criaturas que cazar, secretos e items que recolectar y que darán pie a algunas de las misiones más memorables del juego. Sin embargo, pasaremos mucho más tiempo en ciudades como La Habana o Kingston, cuyo bullicio y detalle hacen de estas zonas urbanas las mejores de la saga, aunque en ciertos momentos echemos en falta grandes monumentos como los que vimos en la etapa del Renacimiento o la diversidad cultural del original. Las actividades que ofrecen son muy diversas, desde contratos de asesino hasta diferentes minijuegos, y en todo momento nos recordarán que nos encontramos en una aventura pirata, gracias a los comentarios canallescos de nuestros camaradas, las broncas en las tabernas o las canciones que entonarán los músicos para amenizar los lugares de esparcimiento.

Un universo tan convincente se ha logrado gracias a un apartado técnico ahora sí tremendamente sólido. A pesar de la cantidad de elementos en pantalla, las olas y elementos climatológicos en el mar y los paisajes en la lejanía expuestos con gran nivel de detalle, no hemos detectado esos bugs que empobrecieron el resultado final de Assassin’s Creed III, lo cual demuestra el gran trabajo realizado para pulir un motor gráfico con muchos años a sus espaldas. El buen hacer gráfico se complementa con un sonido a la altura en el que destacamos la labor de doblaje y esas canciones que se suceden en cubierta y que tan bien le sientan al título.

Comentar también, para aquellos que se pregunten acerca de la continuidad de esta entrega con el resto de la saga tras el final de la trama de Desmond en la anterior aventura, que fuera del Animus tendremos un nuevo personaje a nuestro servicio. Se trata de un nuevo empleado de Abstergo, ahora supuestamente reconvertida en compañía de entretenimiento desde donde los recuerdos de los asesinos sirven para crear experiencias interactivas con fines comerciales. Es un giro muy interesante aunque desde luego estos fragmentos del juego, bastante breves, guardan muchos ases en la manga y numerosas pistas que nos harán comprender los acontecimientos ocurridos entre el final de ACIII y el inicio de Black Flag, así como del futuro que nos depara la franquicia. La acción se encorseta en una oficina de varias plantas, con ordenadores que piratear y gente con la que hablar, todo desde una vista en primera persona por lo que no esperéis explorar santuarios dando saltos como en los anteriores títulos.

Para acabar, señalar que en el interfaz del menú, que nos recuerda y mucho al menú de Xbox 360 con esa disposición de ventanas tan visual, podremos acceder al modo multijugador, que nos proporcionará otro buen número de horas de juego. Sigue teniendo gran personalidad aunque no haya demasiadas novedades respecto a las anteriores ediciones. Destaca en especial el Game Lab, con el que podremos personalizar nuestra partida -o descargar las de otros jugadores- atendiendo a factores como el tiempo, los objetivos o las habilidades disponibles, lo cual esperamos que impulse la comunidad de jugadores. La mejora del modo Manada, con la que jugar en cooperativo con hasta 4 jugadores, es también un acierto.

En conclusión, Assassin’s Creed IV: Black Flag no llega a sorprendernos aunque sí nos deja un gran sabor de boca. Nos ha gustado que la historia tome un rumbo menos trascendental gracias a un asesino que no tiene el mismo código moral que los anteriores protagonistas, con unos fines más turbios y que dan una nueva perspectiva a nivel argumental, aunque decir que Edward Kenway tiene más personalidad que por ejemplo Connor es discutible -ya no digamos que Ezio-. Un título abundante en contenido, vistoso, detallista, variado y deseando agradar al jugador, así es esta cuarta entrega que cierra la generación de manera notable pese a que, como tantísimos títulos que han llegado a las estanterías este año, necesite nuevas ideas y un nuevo reenfoque. Es complicado, efectivamente, pero necesario para una saga que pretende seguir enganchándonos anualmente.

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