The Knick: sangre, sudor y unas dosis de cocaína

“Vivimos en un momento de infinitas posibilidades. Hemos aprendido más sobre el cuerpo humano en los últimos cinco años que en los 500 años anteriores”. Canal + estrena el próximo 27 de septiembre la nueva serie de la HBO: The Knick. Nosotros ya hemos visto el primer episodio y te contamos nuestras impresiones de la que será una de las grandes producciones de la temporada.

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De tanto en tanto la ficción televisiva opta por adoptar ciertos modelos y clichés en cierto modo impuestos tras la irrupción de una o varias producciones que consiguen ese sueño casi utópico de congraciar a público y crítica y sentar las bases de aquello que suscita el interés de los espectadores.

Géneros, narrativas, marcos temporales y sobre todo personajes son susceptibles de ser replicados o, mejor dicho, inspirados en mayor o menor medida por otras series que no necesitan presentación. Por eso es imposible no ver las similitudes entre el protagonista de The Knick y el Don Draper de Mad Men. Uno es médico, el otro publicitario, y aunque sus disciplinas no son sencillas de comparar, ambos son genios de su época, tan volcados en su trabajo que han acabado siendo esclavos de sus propios vicios, esos que les ayudan a obnubilar la amarga realidad.

El Dr. John W. Thackery, al que Clive Owen presta toda su fuerza y su carisma, es un prestigioso cirujano en el Knickerbocker en el Nueva York de 1900. Un visionario que asiste desde primera fila a un nuevo despertar de la ciencia médica en la que vuelca todo su talento y sus ideas. Sin embargo, el coste en vidas humanas de ese continuo aprendizaje y experimentación es alto, siendo la cocaína su principal vía de escape para soportar la carga de aquellos a los que día a día no puede salvar.

Sí, como Donald Draper es un líder que exige lo mejor de sus subordinados, que no pierde el sueño por mejorar su sociabilidad y que no duda en lanzar un órdago tras otro a la dirección del centro, que en el caso de The Knick lucha día a día por conseguir los fondos necesarios para mantener su institución en pie.

Nos encontramos ante una producción realmente exquisita, donde vestuario, decoración y maquillaje se hallan a un altísimo nivel, y que no tiene miedo a exponer conflictos de la época en la que se enmarca como la delgada línea en la que se sostiene la ética médica o el condicionante racial a la hora de acceder al mundo laboral. Es el personaje del Dr. Algernon Edward quien pone de manifiesto esta situación, un profesional de contrastado prestigio que llega de Europa y que es humillado por Thackery en su incorporación.

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Tampoco se queda atrás el lúgubre retrato del Nueva York de principios del siglo XX, una ciudad masificada, repleta de inmigrantes que se aglomeran en edificios de escasa salubridad, y marcada por las desigualdades sociales y la corrupción.

En su primer episodio, dirigido con la meticulosidad habitual de Steven Soderbergh, The Knick consigue impactar y ser a la vez una verdadera declaración de intenciones. Primero, con ese discurso de Clive Owen en el sepelio de su colega en el que expone enérgicamente el fin último del equipo de cirujanos que nos acompañarán a lo largo de la serie, el avance metodológico de la cirugía a cualquier precio en pos de alargar la esperanza de vida de sus pacientes considerando cada nuevo hallazgo como una victoria más.

Y segundo, y posiblemente el principal factor a tener en cuenta a la hora de segmentar a la audiencia, con la impactante recreación de las intervenciones en quirófano ante la atenta mirada del colectivo académico. Primero una cesárea y más tarde una operación de intestino. Ninguna de las dos nos priva del más mínimo detalle, y aunque para muchos suponga una búsqueda un tanto pueril de sobrecoger al espectador por la vía rápida, también hay que considerar que la crudeza de estas escenas y su rigurosa ejecución son una herramienta más de sus creadores para transmitir la fragilidad humana frente a unas técnicas que están lejos de ser debidamente pulidas y que suponen el leitmotiv de la ficción.

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The Knick no es una propuesta para todos los públicos, su equipo es consciente de que su carácter macabro y sus altas dosis de gore acabarán por repeler a gran parte de aquellos que le den una oportunidad. Sin embargo, se trata de una de las producciones más fascinantes de la temporada, ambiciosa en su concepción, generosa en medios y con un Clive Owen algo contenido pero cuya presencia por sí sola es el epicentro de una serie que nos deja con ganas de más.

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Un comentario

  1. En teoría tiene todo para que triunfe a poco que pongan empeño en ello: un buen reparto, esa estética lúgubre, sucia y recargada de primeros de siglo que da mucho juego, el tema central que es muy morboso, y la crudeza que prometen cada uno de sus episodios. Se me hace la boca agua.

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