The Walking Dead regresa con una inesperada despedida

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El regreso de The Walking Dead no ha dejado indiferente, ya sea por los nuevos acontecimientos que hemos podido presenciar en pantalla o por la forma de materializarlos. Un ejercicio de onirismo que sirve para que la serie de AMC diga adiós a uno de los personajes que nos han acompañado las últimas temporadas y que han sabido transmitir un cariño especial al espectador.

No, el improvisado funeral que presenciamos en los primeros minutos no tiene a Beth como protagonista, tal y como muchos pensaron a raíz de lo ocurrido antes del parón de mitad temporada. Ha sido Tyreese Williams quien ha puesto punto y final a su viaje de manera tan inesperada como, reconozcámoslo, irremediable.

Para comprender adecuadamente el cierre del personaje y el porqué de su inevitabilidad hemos de deshacer sus pasos hasta el momento en el que se cruza por primera vez con el resto del grupo, repasar su trayectoria vital y los cambios sufridos tras recibir los crueles mazazos de ese –ya no tan- nuevo y aterrador mundo. Los suyos, junto a Rick, Beth o Carol, son sin duda los más duros que hemos presenciado en The Walking Dead sin que eso signifique que las consecuencias resultaron idénticas en todos los casos.

Tyreese se ganó la confianza del líder de los supervivientes cuando aquello parecía imposible, tras haber comprobado de primera mano el engaño y el salvajismo de los hombres que todavía perduran entre las localidades infestadas de caminantes. Tomar la prisión requirió de sacrificios y el botín no iba a ser compartido a la ligera con unos recién llegados, sin embargo el buen talante del grandullón, su actitud colaborativa y su honestidad a la hora de pedir cobijo para él y los suyos acabaron por imponerse a las dudas, convirtiéndolo en uno de los activos más capaces del colectivo.

Tyreese

Entonces ocurrió lo impensable, Ty fue consumido por el odio al perder a su gran amor de manera atroz. No frente a un caminante, ni siquiera por la hambruna, sino de manera preventiva para no propagar una infección siendo incinerada viva por alguien de los suyos.

Su furia y su búsqueda de venganza trastornaron al personaje hasta límites insospechados por la audiencia. Aparcó su racionalidad y su compasión, las piedras angulares del que hasta ese momento había sido su carácter, y se dejó mecer en las aguas de la desesperación llegando incluso a buscar una muerte apresurada como vía de escape lanzándose encolerizado contra un número absurdamente elevado de no-muertos.

Pero Tyreese nunca llegó a transformarse en un mal tipo, no estaba en su ser. Puede que fueran los verdaderos monstruos de The Walking Dead como El Gobernador quienes de algún modo le recondujeran. Sus indiscriminadas matanzas y los horrores presenciados incluso en los momentos de relativa calma, como el del episodio de las dos hermanas en la cabaña, obraron el milagro. Ty optó por seguir adelante, y no sólo eso, optó por hacer del perdón su principal medio de vida.

Perdonar a Carol su terrible crimen nos ofreció el cara a cara más trascendental de la ficción desde que empezó a emitirse. Y no acabó ahí, sino que se resistió a matar a sangre fría a uno de los hombres que custodiaban Terminus cuando se trataba de la opción más lógica para mantener a salvo a los suyos.

“Tú eres de los que salvan bebés”, le decía el rostro de aquel malnacido cuando se desangraba en el suelo de la habitación de los hermanos de Noah. Efectivamente Tyreese evitó desprenderse de su humanidad, una postura que sí han abrazado otros como Rick por el bien del grupo. Él nunca quiso liderar, sino ayudar, e incluso cuando ya no tuvo fuerzas para luchar más y los demonios acudieron en su busca siguió crucificándose pensando si podría haber hecho algo más por su gente.

Pero hizo mucho, pues siempre se responsabilizaba de otros. Impidió que su hermana Sasha se derrumbara tras la muerte de Bob apoyándose en su propia experiencia con un ser amado para que no cayese en esa espiral de dolor autodestructiva que casi acaba con él. De la misma forma, apoyó a Noah en su hora más oscura, cuando tuvo que hacer frente a la muerte de toda su familia en aquella ciudad pésimamente fortificada.

El único pecado de Tyreese fue, simplemente, ser fiel a él mismo. The Walking Dead no perdona a aquellos que se reprimen a la hora de hacer lo que es necesario para sobrevivir independientemente de si es ético o moral. En el momento en el que comenzó a reprimir su navaja todos temimos por él. Ty no se resignó a morir, no quería hacerlo, pero seguir soportando la brutalidad de cuanto le rodeaba se le hacía demasiado cuesta arriba. De nada sirvió la katana de Michonne ni los esfuerzos de sus compañeros. Se merecía algo mejor, como tantos otros, pero como nos recordaron en sus últimos minutos de vida, todo estaba escrito.

Tyreese tomb

Así nos dejó el personaje de Chad Coleman, actor que abandona la serie no sin antes haber dejado patentes sus bondades interpretativas con un episodio concebido a su entera disposición. 40 minutos de pura alegoricidad que toca con fuerza temas como la muerte, la culpa, los pecados y la redención. Un regreso tan atípico como poderoso.

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Un comentario

  1. La verdad es que era uno de los personajes más fieles y capaces del grupo. Rezumaba sensatez y equilibrio después de las luchas internas que tuvo que superar. Va a ser difícil sustituirle en la serie, ya veremos qué nos tienen preparados los guionistas.

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