‘Turn: espías de Washington’ llega a España de la mano de AMC

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Hoy en día que una ficción como Turn no se estrene a nivel mundial no es un verdadero impedimento para que los seriéfilos más apasionados puedan disfrutar de ella. Hay que ser realista. Sin embargo, sí es más que probable que para muchos de ellos la serie de AMC haya pasado desapercibida dada la escasa repercusión que ha tenido en nuestro país.

Quién sabe, puede que nos encontremos ante uno de esos casos en los que, por el mero hecho de ser una serie que ahonda en un conflicto como es la Revolución Americana, sus responsables hayan recelado de una distribución temprana más allá del mercado anglosajón. Por suerte, y puede que impulsada por la conclusión de tantas y tan buenas producciones en los últimos meses, han decidido darle una oportunidad y estrenar su segunda temporada el próximo 23 de abril.

Tras un evento organizado por la propia AMC y Birraseries, y gracias a un maratón en el que se han emitido los 10 primeros capítulos que dan comienzo a los acontecimientos de la serie, hemos podido ponernos al día y así intentar responder a las preguntas más evidentes de muchos espectadores: ¿A quién gustará una serie como Turn? ¿Merece la pena subirse al barco?

Turn AMC

Empecemos por su premisa, que es básicamente que el espionaje no lo inventó ni James Bond ni tampoco los chicos de The Americans. Una práctica tan vital en los grandes conflictos históricos también tuvo un papel fundamental en la Guerra de la Independencia de los Estados Unidos, de modo que la producción nos traslada al año 1778 y más concretamente a la granja de Long Island de Abe Woodhull. Será él quien, pese a intentar sacar adelante a su familia mostrándose lo más neutral posible frente a las fuerzas británicas, finalmente acabe tomando partido y ayudando a la causa de George Washington pasando información sobre los movimientos del enemigo a través de un grupo de agentes secretos formado por amigos de la infancia.

Que nadie se engañe, pese al halo didáctico que envuelve a Turn como fiel representación de los valores históricos de la famosa novela de Alexander Rose en la que se basa, la serie nunca llega a desprenderse de esa sensación de que estamos ante un producto orientado al entretenimiento más inocente, lo cual como siempre apunto no es algo malo ni mucho menos.

A lo largo de su primera temporada seremos testigos de algunos de los clichés más demandados por el género. Los casacas rojas son el verdadero enemigo a batir durante una ocupación en la que los abusos de poder y las más crueles represalias estarán a la orden del día, mientras que los habitantes de las colonias harán numerosos sacrificios por favorecer el ejército continental en pos de… la libertad.

TURN

Sí, a más de uno el punto de partida le resultará cuanto menos tópico. Sin embargo, aquellos que tengan a bien perdonar ese trasfondo a priori demasiado manido podrán encontrar sobrados alicientes para darle a la serie una oportunidad, comenzando por unos valores de producción excelentes. La recreación de la época es notable y tanto la ambientación como el vestuario se ha llevado a cabo con gran seriedad.

Por otro lado, nos encontramos un reparto de lo más interesante, encabezado por Jamie Bell, el eterno Billy Elliot, que interpreta su rol con coherencia y profesionalidad. Un héroe envuelto en una red de tramas que acaban resultando de lo más distraídas y en las que cabe destacar algunos personajes que dotan al tono de la función de esa variedad de matices tan necesaria en una producción de estas características. Son el Mayor Hewlett, encarnado por el siempre intrigante Burn Gorman (Juego de Tronos), un oficial británico tan severo como dialogante que intenta mantener el orden en la zona; y el juez Richard Woodhill, a cargo de Kevin McNally (Piratas del Caribe), padre del joven Abe y que intentará proteger a los suyos intentando integrarse en el orden establecido.

Turn no es una serie rompedora en sus planteamientos como otras ilustres de AMCBreaking Bad, The Walking Dead-, aunque desde luego está lejos de merecer el desdén del público. Su telón de fondo es tan válido como atractivo y una vez sus engranajes se ponen en marcha invita a seguirle el juego. Un juego de espías, ni más ni menos.

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