No hay grillos en Wayward Pines

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Que la serie de Fox TV ondee alegremente el nombre de M. Night Shyamalan, que actúa como productor ejecutivo y director del episodio piloto, puede ser un arma de doble filo. Que nadie se olvide que se trata del responsable de El Sexto Sentido, toda una cult movie contemporánea, y de las infravaloradas El protegido y Señales, lo cual aporta ciertas garantías de que el hombre detrás del proyecto sabe cómo moverse en producciones envueltas en un halo de misterio e intriga.

Sin embargo, sus últimos trabajos que van desde la ridículamente aburrida El incidente hasta la infantil Airbender: el último guerrero y la catastrófica –en más de un sentido- After Earth, le han granjeado cierto desprestigio en la industria, no sin merecimiento, siendo La trampa del mal el único indicio reciente del excelente realizador que una vez fue.

Llevábamos tiempo esperando Wayward Pines, y no solamente para comprobar si el astuto acercamiento de Shyamalan a la televisión, hoy por hoy mucho menos enquistada que el cine en cuanto a creatividad e innovación, frenará su progresiva caída, sino porque la ficción lleva desde su puesta en marcha amenazando con marcar un antes y un después en la pequeña pantalla. Gracias al preestreno orquestado por Fox y Birraseries ya hemos podido ver el primer episodio el cual nos ha dejado con un buen sabor de boca y muchas preguntas en el aire.

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La serie no trata en ningún momento de ocultar sus referentes, el más evidente el de esa gélida ambientación con la que Twin Peaks conquistó la pequeña pantalla a principios de los 90, por no hablar de esa imaginativa joya cinematográfica llamada El Show de Truman e incluso El bosque, una de las obras más debatidas del propio Shyamalan y en la que encontraremos algunos paralelismos relacionados con el aislamiento de la localidad que da nombre a la ficción.

Basta decir que todo comienza cuando Ethan Burke, un agente del Servicio Secreto de los Estados Unidos, llega a un pueblecito aparentemente corriente de Idaho tras haber tenido un aparatoso accidente del que apenas recuerda nada. Solo y aturdido, no tardará mucho en revelar el verdadero motivo de su visita, encontrar a dos de sus compañeros a los que han perdido la pista en la zona. A partir de ese momento comenzará su investigación en un lugar donde nada es lo que parece y del que es imposible escapar.

Lo primero que atraerá al espectador de Wayward Pines será sin duda el reparto tan sólido del que hace gala la serie comenzando por su protagonista, el siempre eficiente Matt Dillon (Crash), secundado por Juliette Lewis (Asesinos natos), muy desenvuelta en su rol de una camarera que parece la única interesada en arrojar algo de luz a la investigación de Burke; Terrence Howard, ahora muy de moda gracias a Empire y que interpreta a un sheriff de mirada aviesa; la deslumbrante Carla Gugino (Sucker Punch); Toby Jones (Historia de un crimen) y la excelente Marissa Leo en un papel de lo más perturbador y que sorprenderá sin duda a sus seguidores.

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Intérpretes de altura para una serie cuyo primer capítulo funciona como un reloj, avanzando sin demora y desplegando un nuevo abanico de interrogantes a cada nueva revelación. Puede incluso que en algunos momentos tengamos la sensación de que sus responsables enseñan algunas de sus principales cartas demasiado pronto dejándonos vía libre para desarrollar nuestras primeras teorías que presumiblemente no irán muy desencaminadas, y no nos faltará razón. Sin embargo cabe recordar que nos encontramos ante una de esas series evento como ahora se hacen llamar que constará de una decena de capítulos en los que prometen cerrar el arco argumental debidamente sin optar por dar continuidad a los acontecimientos de cara a una segunda temporada.

En un producto de este tipo la decisión parece de lo más acertada, pues debería evitar que se repitieran casos como el de La cúpula, víctima de su propio éxito y que intentó estirar el chicle mucho más de lo que en realidad merecía. Claro que nadie nos asegura que la duración controlada de Wayward Pines sea sinónimo de una conclusión modélica. Con Shyamalan detrás esperamos un giro audaz y que se distancie de los cauces más previsibles del género, aunque en una serie de estas características el riesgo de decepcionar a los espectadores más fieles es alto, por lo que no será hasta su cierre definitivo cuando podamos valorar si esta nueva apuesta ha cumplido con lo esperado.

Las expectativas, como decíamos, son altas. Sus propios creadores han querido que sea así, e incluso juguetean en tono burlón con la mitología seriéfila más controvertida insertando en la apertura de su metraje un plano de un ojo abriéndose que resultará muy familiar. Si estamos ante otro fenómeno Perdidos, con todo lo bueno y lo malo que eso conlleva, sólo el tiempo lo dirá. Mientras tanto…

Welcome to Wayward Pines

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