‘Mad Men’ ya es historia de la televisión

Final Mad Men

Mad Men se ha despedido esta semana de la audiencia y lo ha hecho sin traicionarse a sí misma y consciente de lo que ha sido durante nada más y nada menos que siete temporadas, un producto televisivo elitista, un ejercicio de estilo no apto para todos los públicos –y a Dios gracias- y que ha sabido mantener su esencia intacta para dar a su presumible elenco de personajes un final muy apropiado sin que eso signifique que haya apostado por un cierre al uso.

Eso no significa que la calidad de las tramas de esta segunda mitad de temporada haya sido tan excelente como las de los capítulos precedentes, y sí es verdad que en ciertos giros de guión se ha notado un cierto desgaste de ideas, como por ejemplo en la absorción de la agencia y el movimiento de sus cuentas, una situación que ya vivimos con anterioridad.

Sin embargo, la serie ha dado sus últimos pasos con cierta cautela, temerosa de no salirse del camino que forzosamente debía recorrer hasta el final que sus creadores tenían en mente desde hacía tiempo. De hecho, aunque las últimas semanas ya habíamos vivido alguna que otra despedida inesperada –aunque para nada casual- como la de Rachel Menken o la de Glen Bishop, ha sido en el último episodio en el que hemos podido decir adiós a muchos de aquellos que nos han acompañado tantos años de una manera en la mayoría de los casos más dulce de lo que imginábamos.

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La reconciliación de Pete con su familia en pos de una nueva vida juntos; el inicio de la relación entre Peggy y Stan, una pareja que hacía tiempo que estaba condenada a entenderse; el avenimiento bohemio entre Roger y Marie; y muy especialmente el salto al mundo de los negocios por cuenta propia de Joan, quien por fin aprende a cortar esas ligaduras con los hombres para hacerse de valer como madre y profesional. Personajes inolvidables que han tenido la oportunidad de irse dejándonos una sonrisa en la boca.

No ha sido así, por supuesto, en el caso de Betty, cuyo fatal diagnóstico ha empañado su renovado entusiasmo por volver a volar sola, en su matrimonio y con sus estudios universitarios. Hay que decir que, pese a todo, la ex señora Draper afrontó la etapa final del drama de su vida con entereza e insistiendo simplemente en una marcha con dignidad, algo que resulta muy acorde con algunos de los valores de los que siempre ha hecho gala.

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Y claro, no podemos olvidarnos de Don, pues por algo es el protagonista de la serie. El ejecutivo ha vuelto a experimentar su enésima caída, quizás la más violenta de todas las que ha tenido. Sus lágrimas durante su retiro con Stephanie –cuyo regreso a estas alturas era cuanto menos innecesario- revelaron a un hombre hundido en lo personal, abatido por la situación de la que fuera su esposa, la ausencia de la familia que una vez tuvo, la falta de nuevas metas y sobre de haber desperdiciado su segunda oportunidad.

“Le quité el nombre a otro hombre y no hice nada con él”. Con esta frase Don reconocía su fracaso ante la que fuera su pupila para recordarnos quién es en realidad, un tipo condenado a vivir con su genialidad pero una persona al fin y al cabo. Un hombre capaz de lo mejor y de lo peor, que ha tendido su mano a cuantos le han rodeado en innumerables ocasiones mientras era a su vez devorado por sus vicios y sus propias ambiciones.

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Pero si alguien creía que su final iba a ser su hundimiento definitivo es que probablemente no haya seguido esta serie con atención. Draper, cual Ave Fénix, renacerá una y mil veces de sus cenizas para asombrar al mundo con su talento, algo que han sido capaces de transmitir con apenas unos segundos de uno de los spots más determinantes de la edad dorada publicidad, un majestuoso deleite para los seguidores de la ficción y para aquellos que comparten la profesión del protagonista.

Sí, Mad Men ya es historia de la televisión, y con ello ha dejado un hueco en la pequeña pantalla que no se va a rellenar con facilidad. Sus últimos instantes, y si no al tiempo, se convertirán en un referente de culto de esta industria que no olvidará el nombre de Sterling-Cooper.

 

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3 comentarios

  1. […] Ya sabíamos que el final de Mad Men no iba a suponer ni mucho menos el del afamado publicitario. Don siempre será Don, podrá tocar fondo pero su capacidad para renacer de sus cenizas cual ave fénix está fuera de toda duda. Sus últimos instantes en pantalla, con el popular jingle de Coca Cola sonando de fondo, no sólo es la guinda perfecta para una serie fascinante, sino también historia de la televisión. […]

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