Análisis de Mad Max. El guerrero de la carretera llega a la nueva generación

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Es más que evidente que las grandes editoras buscan subirse al carro de aquellas tendencias de la industria que no solamente les garanticen un buen índice de ventas de sus títulos, sino la conformidad por parte de la prensa especializada y la comunidad de jugadores. Hemos vivido muchos años en los que se ha criticado ferozmente a los juegos -especialmente los enmarcados en el prolífico género de acción- que apenas ofrecían unas 8 horas en sus modalidades individuales más allá de su frenetismo y diversión y que difícilmente parecían justificar el elevado desembolso por el producto nada más aterrizar en las estanterías de las grandes superficies. Y es por este motivo por el que los sandbox, a día de hoy, son un referente en el mercado. ¿Cómo lo vamos a negar si incluso la franquicia Metal Gear Solid se ha transformado para adaptarse a este formato?

Se trata de un modelo con grandes ventajas: proporciona gran libertad de acción al jugador, le permite meterse de lleno en el universo escogido para la ocasión y además le otorga una durabilidad a prueba de bombas. Mad Max, el nuevo trabajo de Avalanche Studios, cuenta con todos estos excelentes atributos y también con varios de los peores hábitos de este tipo de juegos, aunque vaya por delante decir que se trata de una propuesta muy divertida y que hace muy buen uso de la licencia cinematográfica, si bien es cierto que pese a estar plagado de guiños a las películas ha preferido tomar su propio camino sin entremezclarse con las cintas de George Miller, ya sea la trilogía clásica o la fantástica producción que llegó hace unos meses a los cines revitalizando una saga que parecía enterrada en la arena.

El juego comienza con un Max sufriendo un temible encontronazo con Scabrous Scrotus, un señor de la guerra que amenaza con poner de rodillas a todos aquellos que moran en el Páramo, ese desolado mar de dunas que representa fielmente el mundo post-apocalíptico en el que se desarrolla la acción. Baste decir que tras una lucha que bien hubiese merecido ser jugable a modo de tutorial, el famoso conductor es abandonado en el desierto sin su ropa, sus armas y su vehículo, el Interceptor. Para resurgir de sus cenizas y cobrar su venganza, el protagonista deberá asociarse con un curioso jorobado llamado Chumbucket, un mecánico sin igual que promete construirle el coche definitivo, el colosal Magnum Opus. Claro que para conseguirlo hará falta sangre, sudor y alguna que otra lágrima.

Que Mad Max pase a engrosar el catálogo de Warner Bros. Interactive no sorprende en absoluto, de hecho recuerda mucho en pretensiones a uno de sus títulos estrella del pasado año, Tierra Media: Sombras de Mordor. Como en aquel podremos movernos por un amplio mapa repleto de localizaciones secretas, encargos y fortalezas que deberemos ir explorando y haciendo cada vez más seguro mientras nuestro personaje mejora sus atributos para ir afrontando nuevos desafíos. Aunque en esta ocasión no se cuente con una característica tan innovadora como en su día lo fue el sistema Némesis, deberemos esforzarnos todavía más para lograr que Max deje de ser un saco de boxeo montado en un montón chatarra endeble y devolverle a su versión más gloriosa y letal.

Es importante señalar que la aventura tarda muchas horas en arrancar debidamente. Por un lado, los primeros compases de la campaña nos dejarán bien claras aquellas mecánicas que deberemos repetir hasta el final, como la forma de asaltar los campamentos fortificados, recoger agua y gasolina para mantenernos en movimiento o repeler a los bandidos que nos atacarán a la menor ocasión y sin piedad alguna. Y aunque se trata de algo que gustará a aquellos que aborrezcan los juegos que continuamente se detienen para dar las debidas explicaciones cada vez que se desbloquea algo nuevo, el coste apunta directamente a la narrativa, la cual por cierto es alarmantemente escasa.

MadMax_Scrotus

Por esta razón, sólo cuando alcancemos el último tercio de la historia ésta empezará a cobrar algo de interés. Para mitigarlo, iremos encontrando sujetos de lo más dispares que con el fin de asegurar la supervivencia de su gente realizarán peligrosos encargos que proporcionarán mejoras mecánicas para el vehículo o para el mismo Max. Más allá del leal Chumbucket muy pocos secundarios gozan del suficiente carisma como para ser realmente memorables, sin embargo las misiones secundarias que aportan unidas a los escondites con suministros del Páramo, los campamentos enemigos y una serie de amenazas como torres de francotirador o campos minados con las que deberemos acabar para reducir la influencia de Scrotus en las distintas regiones, no nos dejarán mucho tiempo para el ocio, o lo que es lo mismo, las frenéticas carreras a muerte.

La fórmula es, por tanto, toda una alegría para los jugadores completistas, que no descansarán hasta dejar cada palmo de terreno limpio como la patena. Lástima que tras algunas horas de juego tengamos la impresión de que todo comienza a ser algo repetitivo. Atravesar las defensas de nuestros enemigos requiere actuar siempre de la misma manera, e incluso los jefes finales -tanto los Perros Supremos como aquellos que se encararán con nosotros en la trama principal- siguen unos patrones que no se verán apenas alterados, por lo que es posible que debieran haber añadido algo más de interacción con el entorno para crear situaciones menos previsibles a largo plazo.

Por suerte, las mecánicas de Mad Max son tan simples como efectivas. El combate, normalmente contra enemigos que nos rodearán con esmero, resulta de lo más familiar, con ese juego de esquivar y contraatacar golpeando que instauró la saga de Batman Arkham con excelentes resultados. Esta vez da la sensación de estar todavía más simplificado, por lo que se distancia mucho de los hack and slash más ambiciosos, pero es capaz de dejar escenas de gran brutalidad, en especial cuando agarramos algún arma cuerpo a cuerpo, utilicemos la escopeta -las balas son un recurso muy preciado- o entramos en modo furia. La efectividad con la que remataremos a nuestros contrincantes dependerá también de las técnicas que vayamos aprendiendo y que si utilizamos en el momento preciso nos sacarán de los peores atolladeros.

MadMax_Vehicular-Combat

Cuando toca agarrar el volante, algo que haremos muy a menudo, todo gana bastantes enteros. Los duelos entre vehículos pueden decidirse de muchas formas, ya sea embistiendo de lateral, disparando nuestro arpón al conductor o a las ruedas, haciendo uso de nuestro arsenal de explosivos o lanzando potentes llamaradas por los costados. Si nada de esto funciona, siempre podemos disparar desde la cabina a los bidones de gasolina para acabar con nuestros rivales rápidamente, aunque las vastas extensiones por las que conduciremos y lo desolado del paisaje nos darán plena libertad para escoger nuestra táctica.

Porque si en algo destaca el juego de los chicos de Avalanche es en la ambientación. No habrán conseguido el sandbox más variado del mercado, ni el más rico en actividades, pero sí uno de los más fascinantes en cuanto a diseño. Conducir por el Páramo es una delicia por la inmensidad del mismo y por todo lo que esconde más allá de la simple vista. Pese a que podría parecer que los diversos escenarios carecen de los suficientes elementos como para que resulte atractivo, cada caverna que visitamos, cada bodega del que fuera un gigantesco barco encallado entre las rocas, cada emplazamiento edificado sobre una base de chatarra e incluso la mismísima Ciudad de la gasolina -ojalá nos hubiesen permitido pasearnos por ella con menos limitaciones- están recreadas con muy buen hacer.

Gráficamente, aunque no se trata de un portento next gen probablemente porque su desarrollo comenzó a caballo entre las nuevas y las antiguas plataformas, sí sorprende por aspectos como la distancia de visionado o muchos de los efectos de los que hace gala. El polvo que levantan nuestras ruedas, los fogonazos que salen de los tubos de escape, los trozos de carrocería que saltan del coche a cada impacto, el viento y las tormentas eléctricas que nos obligarán a buscar refugio enseguida… todo está perfectamente implementado para formar parte de ese tapiz post-apocalíptico en el que deambularemos sin cesar.

MadMax_TheWasteland

El apartado sonoro también aporta su granito de arena en este sentido, siendo especialmente reseñable en lo puramente mecánico, es decir, el sonido de los neumáticos al ponerse en movimiento sobre superficies pedregosas, los rugidos del motor al acelerar o la chapa al deformarse. Respecto a los diálogos, se han mantenido en versión original pese a contar con unos subtítulos -algo pequeños- necesarios para entender perfectamente el argot importado directamente de las películas.

En definitiva, se trata de un título que merece ser tenido en cuenta entre las grandes producciones de esta recta final de año pese a que por supuesto tiene cosas que mejorar. Nos hubiese gustado un mayor trabajo en las misiones principales para que resultaran mucho más espectaculares que el resto de los trabajos que llevamos a cabo, o que hubiese hecho más hincapié en las necesidades básicas de supervivencia. E incluso haber evitado que el jugador se aprovechara de alguna que otra “trampa”, por ejemplo a la hora de utilizar el armamento del coche en situaciones planteadas para ser jugadas a pie. Pero por encima de todas sus imperfecciones se encuentra lo divertido que resulta, la sensación de progresión que nos invade cuando van pasando las horas y la convicción con la que sus responsables se han volcado en el universo Mad Max, quien por cierto parece tener todavía mucha carretera por delante. Y es que… ¿qué es el mundo sin un poco de locura?

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