Análisis: Assassin’s Creed Syndicate, recuperando la senda correcta

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La franquicia de Ubisoft se encuentra en estos momentos en un punto muy delicado. Como le ocurrió en cierto momento a Activision con Call of Duty, el respaldo de la comunidad traducido en colosales ventas año tras año no evita que cada nueva entrega sea mirada con lupa y reciba fortísimas críticas, a veces bien merecidas y otras no.

Probablemente el año pasado con Unity, lastrado con numerosos bugs y unas mecánicas que no acabaron de convencer especialmente en su vertiente cooperativa, Assassin’s Creed tocó fondo, aunque ni siquiera un varapalo semejante iba a torpedear la política de los lanzamientos anuales de cara a la campaña navideña. Y es que no cabe duda de que la llegada de Syndicate viene a confirmar que la saga sigue siendo fiel a sí misma, le pese a quien le pese.

El título, que curiosamente es uno de los más sólidos que recordamos, cuenta con una carta de presentación que nos es muy familiar, una ambientación no demasiado explotada y que ha sido representada de manera absolutamente cautivadora. El Londres de 1868, lleno de innovaciones y en plena Revolución Industrial, será el escenario en el que asesinos y templarios proseguirán con su legendario conflicto, el cual contará con dos protagonistas, los gemelos Jacob y Evie Frye.

Una dupla muy interesante en primer lugar por la disparidad de carácter. Ella, metódica y honesta, angustiada por seguir los pasos de su honorable padre, contrasta con el espíritu despreocupado y canallesco de su hermano, quien no dudará en aumentar su poder en la ciudad formando su propia banda de rufianes.

En todo caso, los intereses de ambos chocarán directamente con los de aquellos que reinan en una urbe repleta de corrupción a todos los niveles, donde las fábricas se nutren del trabajo de niños sin ningún pudor y existe un submundo en el que muy pocos se atreven a aventurarse. Dar la vuelta a la situación no será fácil, pero al menos contaremos con una serie de aliados de ilustre nombre como Charles Darwin, Charles Dickens o Graham Bell, por citar sólo algunos, y que son uno de los principales incentivos para progresar en la aventura.

 

Por desgracia, más vale avisar de que nos encontramos ante uno de los Assassin’s Creed más parcos en cuanto a narrativa. La historia principal resulta amena pero nada más, carece de momentos de gran epicidad y en la recta final, una vez más, vuelve a desinflarse. La trama en la actualidad, la de los asesinos enfrentándose a Abstergo, vuelve a ser testimonial y ni siquiera incluye momentos jugables, por lo que parece definitivamente destinada al olvido. Que no se hayan tomado decisiones argumentales desde el final de Desmond en Assassin’s Creed III resulta desconcertante, y más teniendo que cuenta que desde entonces hemos podido desfrutar de Black Flag, Rogue y Unity.

Al menos, tal y como decíamos, la ambientación vuelve a situarse a un gran nivel, siendo muy gratificante recorrer una ciudad cuyas zonas están perfectamente delimitadas en lo visual: la pobreza del barrio de Whitechapel, los muelles en torno al Támesis, los grandes edificios industriales, la elegancia de las zonas más acaudaladas… Visualmente la saga sigue siendo espectacular, aunque se nota que con el fin de ganar en estabilidad se han recortado algunos efectos ambientales con los que se coqueteó en el pasado y en el número de personajes en pantalla, lo cual dicho sea de paso no supone un problema ya que las calles de la capital británica no se encuentra en un momento tan convulso como las de París en plena revolución.

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Sigue habiendo algún que otro bug, pues parecen inevitables en la saga y en general en los juegos de mundo abierto, aunque están más controlados, siendo los más graves que hemos encontrado algunos que nos han privado de lograr una sincronización perfecta en ciertas misiones secundarias.

Dichos encargos son bastante variados, aunque es irremediable que cuando vayamos acumulando horas de juego se vayan haciendo cada vez más monótonos. Suelen ser robar mercancía, liberar a niños de las fábricas, analizar escenarios del crimen, acabar con ciertos templarios o secuestrar a delincuentes, que por cierto es uno de los sistemas que se presentan como novedad. Se trata de pillar desprevenido a un enemigo y conducirle por la fuerza hasta un carromato sin levantar sospechas para entregarlo a las autoridades, lo cual se ha resuelto bastante bien.

Ir realizando estas tareas en los diversos distritos harán que los vayamos liberando uno a uno, para lo cual deberemos enfrentarnos al líder de la banda rival y así tomar posesión de sus recursos. Al pasar a controlar una determinada zona, la presencia enemiga se reducirá drásticamente y encontraremos hombres a los que reclutar con más facilidad.

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Conquistar la ciudad es uno de los puntos clave del juego, y junto a las misiones que nos irán encomendando nuestros aliados, nos darán bonificaciones que canjear por nuevas habilidades y así subir de nivel. En este punto también será importante mejorar nuestro equipo y nuestra banda, para lo cual necesitaremos una buena cantidad de dinero y materiales de construcción.

Si antes decíamos que Syndicate resulta satisfactorio en todos sus apartados, no significa que en términos generales se le pueda calificar de brillante. Puede que sea porque, aunque coge lo que mejor ha funcionado de las entregas anteriores, la mayor parte de sus mecánicas resultan demasiado familiares y en ningún caso sorprendentes. Otras que se han incluido, por citar la más relevante el desplazamiento a través del garfio, son de agradecer pero también han sido incorporadas de otros juegos como Batman Arkham, sin ser tan fluido como en estos. Al menos, ir de un punto a otro del mapa presenta varias alternativas, ya sea abusando de la tirolina, haciendo parkour por los tejados, corriendo por las calles o montándonos en un carromato, cuya conducción es de lo más entretenida al igual que las persecuciones o los abordajes en diversos momentos de la aventura.

Es una lástima que el combate siga sin ser revisado a fondo. Lo cierto es que funciona, y algunas animaciones son sensacionales a la hora de acabar con nuestros enemigos, sin embargo esquivar los ataques de nuestros contrincantes no es tan intuitivo como en otras ocasiones y resulta un tanto frustrante. Y más ahora que nos rodearán e intentarán atacarnos de una manera más coordinada, obligándonos a movernos de manera más inteligente.

 

 

Algo similar ocurre con el sigilo, aunque llegados a este punto debemos volver a fijarnos en los protagonistas. Desde un principio se nos avisa de que Jacob es el más duro de los dos y mucho más solvente en el combate cuerpo a cuerpo, mientras que Evie es toda una experta en el sigilo. Sin embargo, a la hora de la verdad, escoger a uno u otro no tendrá ventajas significativas independientemente del tipo de misión que nos toque realizar, y más teniendo en cuenta que las habilidades que iremos desbloqueando para los hermanos son idénticas. Al menos, los diálogos variarán según quién de los dos controlemos en cada punto de la trama.

En conclusión, Syndicate nos ha gustado. Se trata de un muy buen juego en el que sus desarrolladores se han esforzado por crear una experiencia lo más redonda posible aprendiendo de aquellos aspectos que más han aportado a la saga en los últimos años. Londres es una localización que merecía ser el alma de una entrega y, aunque seguramente podría haberse profundizado mucho más en el contexto histórico de la misma con un guión realmente ambicioso, deja un buen sabor de boca.

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Igual que lo hacen sus protagonistas, que como ocurría en Assassin’s Creed IV: Black Flag, nos dan una perspectiva muy interesante de un culto en el que también existen los antihéroes, esos que a veces no sabes si amarlos u odiarlos.

Puede que la saga merezca tomarse un descanso y asumir mayores riesgos, reinventarse y volver a sorprender a la industria como en sus orígenes, escribir un buen número de páginas de hacia dónde quieren dirigirse a partir de ahora con un argumento que vuelva a ser fanservice, pero como todo eso no está en nuestra mano, sólo podemos congratularnos de que pese a tropezarse de vez en cuando se siga apostando por estas superproducciones que, por qué no decirlo, siguen siendo un serio entretenimiento llegadas estas fechas.

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