Call of Duty: Infinite Warfare, la odisea en el espacio

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Tras Advanced Warfare y Black Ops III, Activision vuelve a la carga con una nueva entrega de su franquicia estrella que sigue apostando por la temática futurista, esta vez mucho más acusada, para dar rienda suelta al gran espectáculo al que desde hace ya muchos años nos tiene acostumbrados por estas fechas. Una propuesta que vuelve a antojarse de lo más completa gracias a tres pilares que hoy por hoy son inamovibles y que a continuación analizaremos para ver si han cumplido las expectativas. ¡Comencemos!

CAMPAÑA PARA UN JUGADOR

Esta era una oportunidad dorada para que los chicos de Infinity Ward demostrasen que, después de la sonada fuga de talentos de hace unos años y de las críticas (algunas no del todo justas) que recibieron con Ghosts, todavía dominan como pocos esa narrativa perfectamente medida y ese ritmo frenético que hicieron de las campañas de las primeras entregas de Modern Warfare un referente en el género durante la pasada generación.

Pues bien, hemos de señalar sin ninguna duda que el modo para un jugador de Infinite Warfare es la modalidad más brillante de las tres que componen el juego. No porque redefina nada, sino porque devuelve a la saga a la senda correcta, contando una historia en la línea de las de las mejores entregas y que denota un esfuerzo por ofrecer a los que prefieren jugar en solitario un entretenimiento de gran nivel variando constantemente sus mecánicas para no caer en la monotonía.

Para ello, se ha dado un salto al futuro más que evidente. En esta ocasión no se limitan a los exoesqueletos vistos en Advanced Warfare, ni a los implantes de combate y otros gadgets de Black Ops III. Los soldados del futuro, además de ir equipados con lo último en tecnología y armamento, no sólo combaten en la Tierra, sino también en el espacio, a bordo de enormes naves de guerra y descendiendo a colonias lejanas en planetas y asteroides del sistema solar.

Un universo que no está carente de conflicto, como descubrimos en el inicio de la campaña cuando la sede de la Alianza Espacial de las Naciones Unidas (UNSA) es ferozmente atacada por las fuerzas del Frente de Defensa Colonial, una facción belicista que no sólo busca hacerse con el control de los diferentes sectores, sino acabar con sus enemigos de manera implacable, tal es su desprecio a los terrícolas y su radicalidad.

Ante la amenaza de una invasión que acabaría con incontables almas y con su modo de vida, el teniente Nick Reyes no tiene más remedio que tomar el mando de la Retribution, uno de los pocos acorazados que sobreviven al ataque, y jugar el rol de capitán mientras traza un plan con el Alto mando para devolver el golpe y acabar con la flota de su gran rival.

Bajo esta premisa, Infinite Warfare desarrolla una trama bien construida, con un estupendo plantel de personajes que iremos conociendo poco a poco, que establecerán relaciones de inesperada carga emocional y que ahondará en temas como el peso del liderazgo y el sacrificio. Esa “llamada al deber” que da nombre a esta saga y que es recuperada con toda la epicidad que merece.

La campaña se estructura en una treintena de misiones: las principales, esenciales para avanzar, y una serie de encargos secundarios que no es necesario completar para llegar al final pero que merecen y mucho la pena dado que no son niveles en absoluto genéricos, sino variados en sus objetivos y a veces bastante impresionantes. Aunque puede que los más repetitivos en cuanto a objetivos sean aquellos que se limitan a refriegas aéreas con nuestras aeronaves, aquellos que requieren de un asalto a destructores enemigos nos darán la oportunidad de disfrutar de tiroteos en gravedad cero y de otros retos muy interesantes como por ejemplo rescatar a unos prisioneros usando el no tan habitual sigilo o infiltrarnos entre la tripulación con un uniforme robado hasta acabar con varios oficiales de alto rango.

Entre misión y misión, podremos hacer uso del puente de mando y el camarote del capitán para leer mensajes, ver las noticias, comprobar a cuántos ases hemos derribado y seleccionar nuestro siguiente destino. Una ocasión perfecta además para relacionarnos con nuestra tripulación y personalizar nuestro equipo, todo ello sin tiempos de carga.

Por supuesto, los niveles en las localizaciones más exóticas y más espectaculares son los de carácter obligatorio. Sí, son un tanto lineales y potencian su atractivo visual con scripts cuidadosamente dosificados, pero hay que reconocer que independientemente de si esto gusta más o menos es la forma más efectiva de que nos sintamos envueltos en la vorágine de la batalla.

Una batalla en la que haremos frente a todo un ejército gracias a fusiles de proyectiles o de energía muy diversos y en algunos casos muy originales, aunque el punto fuerte de este equipo del futuro vuelven a ser los diferentes dispositivos a nuestro alcance para acabar con la infantería enemiga. Tendremos granadas, desde las más básicas a otras que desplegarán una burbuja que dejará a nuestros rivales flotando en gravedad cero a nuestra merced. Otras irán unidas a un pequeño bot araña que se dirigirá a su presa más cercana antes de explotar, y también las habrá que expandirán un PEM que aturdirá a las unidades mecánicas.

Hay drones que dispararán a aquellos en los que nosotros hagamos blanco, escudos que se despliegan para facilitar nuestro avance y dispositivos de pirateo para tomar el control de robots del enemigo. Además, tendremos un gancho para alcanzar cualquier estructura en el espacio y una mochila propulsora con la que podremos incrementar nuestra capacidad de salto e incluso correr por ciertas paredes, lo cual nos permite potenciar nuestra movilidad por los escenarios.

Claro que como ya supondréis si hay una novedad que destaca por encima del resto esa es sin duda la posibilidad de pilotar el Jackal. Vaya por delante que hablamos de un pilotaje completo, no sobre raíles como ocurría en Black Ops II o tan encorsetado como en varios niveles de algunas de las últimas entregas de la franquicia. Los combates en el espacio tienen su debido protagonismo, están muy bien resueltos dentro de su carácter puramente arcade y no darán tregua, exigiéndonos una continua persecución de los cazas enemigos, evadir los misiles que nos lanzan con contramedidas expulsadas en el momento justo y atacar con nuestro armamento pesado a las naves de mayor volumen.

En definitiva, se trata de una de las mejores campañas de un Call of Duty que hemos disfrutado en los últimos años y que nos quita el mal sabor de boca que nos dejó este apartado en Black Ops III. Intensa, bien llevada y sobre todo que se sabe ganar la implicación del jugador en los acontecimientos que se sucederán en pantalla, especialmente en un tramo final en el que todo va in crescendo. Jugándolo todo, seguramente superemos ampliamente las 8 horas de media que se le achaca a este modo desde hace años, lo que para muchos justificará el enrolarse en la Retribution.

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APARTADO TÉCNICO Y SONIDO

Se trata de un aspecto complicado de juzgar. Dada la alta competencia que hay en la industria, serán muchos los que alcen la voz manifestando que la saga no ha dado un salto tecnológico arrollador en los últimos años. Es cierto, cada vez tiene más difícil sorprendernos, en parte porque cada nueva entrega es toda una montaña rusa como si de una superproducción hollywoodense se tratase, y porque su motor gráfico se encuentra un tanto estancado, lo cual se nota sobre todo en algunas texturas mejorables en los escenarios más que en lo referido a efectos o personajes.

Sin embargo, que nadie piense que Infinite Warfare no cumple a nivel técnico. En primer lugar, todo se sigue moviendo con una fluidez envidiable, que ya es marca de la casa. Y en segundo lugar, goza de un diseño realmente excelente, dejándonos algunas instantáneas del espacio realmente bellas y localizaciones asombrosas como ese planeta con la superficie completamente helada o la estación minera emplazada en un asteroide que se acerca peligrosamente al sol. Pura ciencia ficción, por momentos abrumadora en su puesta en escena y reforzada por un arte de gran calidad que queda impreso en cada nave o iconografía y que conforman una representación de un futuro que en todo momento resulta creíble.

Sí hay que comentar algunos problemas en la codificación de las cinemáticas, que no se reproducen a la resolución óptima que las partes jugables merecían empañando ligeramente el conjunto.

En lo sonoro, goza de unos efectos y una banda sonora muy correctos y de un doblaje en castellano de gran calidad. Además, se ha querido apostar por algunos rostros famosos como los de Kit Harington (Jon Nieve en Juego de Tronos), el villano de la función, Conor McGregor (el luchador de la UFC), Claudia Christian (Babylon 5) o Lewis Hamilton. Eso sí, algunos de ellos tendrán una presencia un tanto testimonial.

MODO ZOMBIES

Es cuanto menos curioso que, en un título de corte futurista y con una campaña tan dramática, sus desarrolladores hayan optado por dotar al ya indispensable modo zombies de una esencia totalmente opuesta, con un carácter retro muy marcado y un sentido del humor que lo impregna todo desde el primer momento.

Zombies in Spaceland es un original viaje a la cultura pop de los años 80, que vuelve a ser tendencia gracias a producciones cinematográficas tan desenfadadas como Guardianes de la Galaxia, series que apelan a la nostalgia como Stranger Things e incluso rarezas videojueguiles tan memorables como Far Cry 3: Blood Dragon.

En esta ocasión la historia gira en torno a un grupo de aspirantes a actores que entran en una misteriosa sala de cine para formar parte de una audición sin saber que serán transformados en personajes y transportados directamente a la película. El escenario, un escalofriante parque de atracciones en el que deberán derrotar a las hordas de muertos vivientes y demás criaturas de pesadilla.

Aunque suene de lo más tétrico, lo cierto es que ir localizando las mil y una referencias a la época esparcidas por doquier es de lo más jovial y satisfactorio, por lo que es preferible no dar demasiados detalles sobre la ambientación. Basta con decir que es maravillosamente tópica y colorida, y animada con una gran selección de temas de la época y con personajes como el siempre divertido David Hasselhoff (El coche fantástico), que interpreta a un DJ con el que interactuaremos frecuentemente. Paul Reubens, Seth Green, Ike Barinholtz, Jay Pharoah y Sasheer Zamata son otras de las celebridades que prestarán su voz al reparto.

Este cooperativo, de nuevo para cuatro jugadores, tendrá lugar en un mapa de grandes dimensiones y muy intrincado que se irá extendiendo a medida que vayamos superando oleadas de enemigos, todo un reto una vez alcancemos cierto nivel aunque por lo general la dificultad ha sido suavizada para que resulte más accesible a todo tipo de jugadores.

Es continuista, pues tiene buen cuidado de no salirse de los parámetros de la fórmula asentada desde hace años en la saga, pero tiene la suficiente personalidad como para sentirse diferente y original. Además, introduce algunas novedades significativas como la posibilidad de volver a la vida jugando en un salón de recreativas a clásicos con el sello de Activision o ganar tickets en casetas y zonas con minijuegos que canjear por armas, ventajas para el jugador y el acceso a nuevas zonas.

 

MODO MULTIJUGADOR

Sorprende que sea el multijugador el apartado menos sólido del nuevo Call of Duty. No es que no sea divertido o que haya visto reducidas sus opciones, simplemente porque guarda demasiadas similitudes con lo visto hace un año en Black Ops III, que sí recuperó la frescura de algunas de las entregas mejor valoradas implementando ciertas novedades jugables de peso.

Vuelven los saltos dobles con los propulsores y las carreras por las paredes, acciones a estas alturas nos resultarán muy familiares, y esos mapas de corte urbano, algo genéricos pero que se presentan menos verticales y algo más cerrados que en anteriores ocasiones. En total habrá 12 de inicio y todos ellos están inspirados en las localizaciones que visitamos en la campaña.

Por supuesto el modo online mantiene sus principales señas de identidad, con esos combates de 6 contra 6 rápidos e intensos, más si cabe gracias a ese respawn casi inmediato que reduce drásticamente los tiempos de espera.

Encontraremos modos clásicos que no podían faltar, como dominio, captura de bandera o los duelos por equipos, aunque se introducen algunos destacables como defender, en el que deberemos agarrar un dron y evitar que nos lo quiten de las manos, o frontline, que contabiliza la puntuación obtenida por los jugadores en función de si al acabar con un enemigo éste se encuentra en territorio enemigo o en nuestra propia base. También merece la pena mencionar los equipos de misión, en la que se nos asignarán diversos desafíos que definirán completamente el equipamiento que seleccionemos y nuestra forma de jugar.

Las posibilidades para personalizar a nuestro personaje son enormes: una decena de clases, múltiples rostros, iconos, gestos y tipos de armadura y camuflajes así como diversos estilos para el armamento. A esto hay que sumarle la posibilidad de hacernos con los llamados prototipos de armas, versiones más poderosas de lo habitual que pueden desestabilizar una partida (¡ojo, novatos!) y que se adquieren por medio de una serie de monedas con las que abrir cofres de recompensas que recibiremos según vayamos progresando y completando partidas, algo que requerirá su tiempo.

Por último, vuelven los especialistas, aquí llamados módulos de combate, con un total de seis variantes de unidades con capacidades especiales, a contar guerrero, híper, mercenario, fantasma, stryker y sináptico.

En definitiva echamos en falta haber asumido algo más de riesgo introduciendo elementos que nos hagan sentir que de verdad hemos dado un salto temporal importante, a un futuro más lejano, donde las batallas aéreas habrían tenido mucho sentido. Extraña que no hayan sido introducidas en el multijugador, pues habría proporcionado momentos realmente frenéticos y divertidos en compañía y le habría dado ese toque diferenciador al online de Infinite Warfare del que carece y que podría perjudicarle a la hora de atraer jugadores todavía inmersos en las partidas de anteriores entregas.

CONCLUSIONES

Infinity Ward puede estar orgullosa, Call of Duty: Infinite Warfare es una entrega muy completa y atrayente. Su estética futurista, que por momentos nos recordará a sagas como Killzone o incluso Halo, funciona perfectamente y es una elección muy defendible por parte del estudio.

Han devuelto el prestigio a la campaña para un jugador, que deja de lado experimentos fallidos como las opciones cooperativas y los argumentos enrevesados para devolvernos al campo de batalla con una historia de heroísmo de las que nos gustan. Una odisea adrenalítica y con una importante carga emocional que tiene su contrapunto en Zombies in Spaceland, una propuesta muy cómica que sirve de respiro y anima a ser disfrutada con amigos deseosos de unir fuerzas para luchar contra todo tipo de engendros. Lástima que el multijugador no haya alcanzado la excelencia que acostumbra, pudiéndose considerar una actualización de la experiencia que nos brindó Black Ops III. En todo caso, se trata de una producción de envergadura que luchará por ocupar un puesto privilegiado entre los grandes en esta recta final de año que está siendo de infarto.

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