Watch Dogs 2, el resurgir de la fantasía hacker

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A veces para valorar adecuadamente un determinado juego no sólo basta con probarlo y exprimir al máximo sus posibilidades, también te enfrentas al reto de aislarte de todo el ruido que lo envuelve y que si no vas con cuidado puede hacer que veas condicionada tu experiencia. Promesas cumplidas en mayor o menor medida, demostraciones que pueden o no ajustarse al producto final, las altas expectativas de una comunidad que actúa como juez y verdugo de franquicias que suponen elevadas inversiones para distribuidoras ávidas por encontrar un nuevo filón con el que ganarse la devoción de los jugadores… Son factores que a menudo se entrometen en lo que debería ser un análisis enfocado en lo que de verdad importa, el título que llega a nuestras manos.

No me cansaré de repetir que el primer Watch Dogs estuvo lejos de ser un mal juego. Las mecánicas funcionaban adecuadamente, mezclaba con acierto el sigilo con la acción en una dinámica que encajaba correctamente con los parámetros de las actuales propuestas de mundo abierto, todo ello aderezado con una historia de venganza a modo de cyber-thriller inquietante y entretenida. Una sólida apuesta por parte de Ubisoft para dar relevo al credo de los asesinos -que este 2016 se ha tomado un merecido año sabático- que fue condenada en gran parte por una mala estrategia de marketing que levantó las iras de crítica y público una vez comprobaron que las bondades de un título llamado a ser un nuevo referente para la nueva generación no llegaron a la excelencia de la que sus desarrolladores alardeaban en cada feria en la que se daban cita.

Lejos de rendirse, y convencidos del potencial de la saga, la compañía francesa ha vuelto a la carga con una segunda entrega que ha sido redibujada en busca una mayor repercusión comercial sin que esto signifique haber perdido sus principales señas de identidad, esa fórmula que ya quedó perfectamente instaurada en su debut y que simplemente ha sido actualizada y adaptada al nuevo ángulo desde el cual se ha abordado este universo.

Poco queda ya de ese carácter sombrío que tenía su reflejo en el personaje de Aiden Pearce, aquel justiciero en busca de venganza obsesionado con encontrar las respuestas a una tragedia personal que lo marcó para siempre. En esta ocasión se ha querido optar por un tono muy urbano y juvenil, que sigue muy de cerca las tendencias más populares del universo digital en el que hoy en día se sumergen personas como Marcus Holloway, el protagonista indiscutible de Watch Dogs 2.

Este joven hacker es el nuevo miembro de Dedsec, un grupo de activistas antisistema que a aquellos que disfrutaron del primer juego les sonará bastante y que tienen como objetivo principal desacreditar a la corporación tecnológica Blume y a la nueva versión de su sistema de vigilancia ctOS, que sigue expandiéndose y amenazando con acabar con cualquier atisbo de privacidad personal.

Sus integrantes son jóvenes soñadores, irreverentes e idealistas, un grupo en el que encontramos perfiles tan diversos como el de una artista callejera que sabe muy bien cómo ganar seguidores para su causa y aumentar la influencia del grupo en las redes, un informático brillante pero de nulas aptitudes sociales e incluso ese compañero excéntrico y bromista cuyos comentarios sarcásticos e ideas descabelladas nos acompañarán durante todo nuestro viaje. Tipos simpáticos, en definitiva, con los que estableceremos relaciones muy dinámicas y que son piezas esenciales de un guión mucho más despreocupado y gamberro que el anterior y que han sido cuidadosamente diseñados para que toda una nueva hornada de jugadores pueda identificarse con sus hábitos y sus pasiones con más facilidad.

Este nuevo rumbo no se queda en lo narrativo, sino también en lo estético. La configuración de los menús, la decoración de su base de operaciones, las pintadas que van dejando por la ciudad, la música que escuchan –la banda sonora ha sido compuesta por el prestigioso productor musical Hudson Mohawke-, la ropa… todo corresponde a una nueva concepción, a un nuevo tipo de cultura que podrá gustar más o menos en función de las preferencias de cada tipo de jugador pero que se presenta más fresca que nunca.

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Watch Dogs 2 trata de generar continuas conexiones con la actualidad, y tal vez sea esta su principal virtud. No faltarán las parodias a gigantes tecnológicos como Google o Facebook, epicentro de algunas de las misiones más brillantes en cuanto a planteamiento y desarrollo, ni la representación de una sociedad presa de un estilo de vida en el que el Smartphone es ya una prolongación de nuestros propios miembros.

Un marco contextual muy familiar que está perfectamente fusionado con todos y cada uno de los elementos que cabría esperar de un sandbox. La ciudad de San Francisco, donde ha saltado la acción en esta ocasión, se muestra viva y goza de una gran diversidad gracias a las tres áreas en las que se divide. No es el mapa más grande que hemos visto para un juego de estas características, pero cumple sobradamente su función escénica también reforzada por diseño que ha ganado en detalle y un buen apartado gráfico que nos deja instantáneas tan preciosistas como las de la bahía de esta urbe tan emblemática.

Es evidente que para avanzar en el desarrollo del juego estaremos constantemente moviéndonos por ella, lo cual hace de la conducción un elemento indispensable de Watch Dogs 2. Desgraciadamente no ha sido el aspecto más pulido de cuantos conforman la jugabilidad del título, pues la conducción en coche o motocicleta se antoja algo brusca, con reacciones que pueden jugarnos alguna mala pasada en los momentos de mayor tensión.

En general los controles responden mejor cuando vamos a pie, tanto a la hora de escalar por estructuras con un sencillo y fluido parkour –pese a que el control por el que se ha optado tenga algunas semejanzas de ningún modo da las posibilidades de Assassin’s Creed– como en los tiroteos con coberturas y por supuesto el sigilo, que vuelve a ser la parte más trabajada. La interacción con los elementos del escenario ya sean cámaras, circuitos o dispositivos específicos vuelve a ser fundamental, y nos sirven para atraer a los enemigos, distraerlos o noquearlos, así como darnos acceso a nuevas rutas por las que infiltrarnos en áreas que de otra manera serían inexpugnables.

Desarrollar el árbol de habilidades deberá ser una prioridad para que nuestro personaje tenga cada vez más soberanía sobre el entorno, el cual brinda las suficientes oportunidades como para que una misma tarea pueda realizarse de muy diversas formas. Algunas de ellas requerirán un equipo específico, ya sean gadgets o algunos recursos ilustres como el coche teledirigido y el dron con los que podremos merodear por recintos cerrados marcando a los hostiles o activando terminales a distancia.

El conjunto resulta muy variado y se esfuerza por adaptarse a las preferencias de los diferentes tipos de jugador. Sí hay que decir que resulta algo extraño ver al bueno de Marcus saliendo de algunas situaciones un tanto apuradas a tiro limpio o en general alcanzando nuestro objetivo haciendo uso de armas de fuego. Más bien porque no cuadra demasiado con su personalidad, más dirigida a la delincuencia informática que a aquella que va ligada a la fuerza bruta, que sí era mejor explotada con Aiden Pearce. De hecho, el juego en general resulta mucho más gratificante si hacemos uso del sigilo y de nuestro extenso abanico de recursos de hacker para superar las diversas misiones, pues parece que se adecúa mucho mejor a la esencia de Watch Dogs 2.

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La aventura principal es bastante larga, con un buen número de operaciones que tratan de ser muy variadas en cuanto a los objetivos y a la puesta en escena con el fin de no repetir los errores de tantos juegos de mundo abierto que acaban pecando de monótonos. Aquí no hemos tenido esa sensación, aunque no se puede ocultar que estas fases resultan muy superiores a los encargos secundarios que encontraremos repartidos por el mapa. Hay algunos más reseñables por resultar bastante delirantes, aunque su función primordial suele ser proporcionarnos más horas de juego y valiosos puntos de experiencia con los que mejorar a Marcus. También podemos encontrar puntos de interés en los que participar, por ejemplo, en carreras de karts o de motos, invitándonos a aumentar nuestros tiempos y puntuaciones.

Cabe decir que se ha vuelto a apostar por un modo multijugador pensado para complementar al juego en solitario formando parte de la misma partida. De esta manera, y al igual que ocurre con los niveles de la historia, poco a poco se irán desbloqueando misiones en línea que podremos afrontar compitiendo contra otros usuarios, invadiéndoles para robarles información o asumiendo el rol de cazarrecompensas. La principal novedad es la posibilidad de jugar de manera cooperativa en operaciones un tanto breves pero muy atrayentes que llevan el juego a una nueva dimensión.

Watch Dogs 2 sigue esforzándose para afianzar su propuesta y resultar atractivo para la actual generación de jugadores. Esta segunda parte se nota distinta, sabe distinta, y resulta muy disfrutable independientemente del cariño o la desidia que nos generó la anterior entrega. Un juego de mundo abierto cuidado, con unos valores de producción notables y que a riesgo de ser tildado de continuista, que en cierto modo lo es, no rompe con una fórmula básica que todavía puede dar mucho más de sí. Muy mal se tendría que dar para que Ubisoft deje de prestar su apoyo a una licencia de estas características y cuyo principal desafío sigue siendo superar los viejos fantasmas.

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