Legion: un mutante voló sobre el nido del cuco

legion-serieEs habitual entre los seriéfilos comentar con cierto divertimento la aparición de lo que muchos llamamos “el capítulo psicotrópico” de nuestra ficción favorita. Da igual el género al que pertenezca o las circunstancias que propicien su intrusión, se trata de un fenómeno cada vez más extendido y que afecta a producciones tan variopintas como pueden ser Vikingos, Breaking Bad, Penny Dreadful e incluso Mad Men.

Como su propio nombre indica, se trata de episodios que, si bien suelen suponer una pequeña ruptura en cuanto a la continuidad de las tramas, nos sumergen en un fugaz viaje en el que las ensoñaciones y las imágenes esotéricas se suceden sin orden lógico aparente para el desconcierto del espectador. Esto no significa que no tengan su función, pues a menudo son el catalizador de algún tipo de experiencia vital para alguno de los personajes, pero sobra decir que resultan un verdadero desafío para nuestro entendimiento ya que normalmente la realidad tiende a mezclarse con los delirios de aquel que se encuentra en el ojo del huracán. Ahora bien, ¿qué ocurriría si esta fórmula se extrapolase a una serie en su totalidad?

El comienzo de Legion es pura confusión, manifiestamente intencionada y ejecutada con diligencia tanto a nivel narrativo como visual. Al centrarse en un protagonista sumido en un sinfín de trastornos de la mente es complicado saber a ciencia cierta si todo aquello de lo que somos testigos en pantalla, siempre expuesto desde su punto de vista, está ocurriendo de verdad o si es sólo producto de su esquizofrenia.

Este es precisamente el juego que nos propone Noah Hawley, responsable de la excelente Fargo, que parece haber construido una ficción en base a esos principios formales propios de esos episodios psicotrópicos con los que a todos los creadores les gusta experimentar pero que muy pocos deciden llevar al límite.

Para lograrlo, el afamado guionista ha tomado como epicentro a uno de los antihéroes más extravagantes de la factoría Marvel, un mutante llamado David Haller conectado al universo X-Men y que en las viñetas era nada más y nada menos que el hijo de Charles Xavier, o lo que es lo mismo, el Profesor X.

legion-posterSin embargo, y aunque existen algunos puntos en común bastante evidentes entre el Haller de los cómics y el televisivo especialmente en lo que a sus poderes telequinéticos se refiere, apenas encontraremos referencias a otros personajes de la saga en lo que parece que ha sido una decisión creativa de sus responsables que, dejando a un lado esa “x” tan sospechosa incluida en el logotipo de la serie, afirman no querer vincular la producción con las películas o las historietas publicadas en torno a las hazañas del popular grupo.

La razón fundamental es que se ha trabajado para que Legion no sea una serie de superhéroes convencional. De hecho, para que no sea una serie de superhéroes parecida a nada de lo que se ha hecho anteriormente. No tiene nada que ver con esas producciones de Netflix de estética noir como son Daredevil, Jessica Jones o Luke Cage, tampoco con el drama autoimpuesto y con tintes épicos de Arrow o el entretenimiento más liviano de The Flash o Supergirl. Ni siquiera se acerca a las tramas de espionaje tecnofuturista de Agentes de S.H.I.E.L.D., quienes ya están acostumbrados a enfrentarse a sujetos fuera de todo control.

El carácter anacrónico de la serie de FOX es otra prueba de su deseo de nadar a contracorriente, de que todo vale con tal de crear un producto único, en el que junto al bueno de David deberemos dejarnos llevar hasta comprobar si sus extraordinarias capacidades son el reflejo de su verdadera condición, esa que los simples humanos son incapaces de clasificar empujándoles a recluirle en un centro para enfermos mentales, o si cada situación imposible en la que se ve envuelto surge de su propia cabeza.

Legion quiere fascinarnos con su propuesta, que desde luego es valiente. Se trata de una serie a la que hace unos años seguramente ninguna cadena hubiese dado luz verde, una apuesta arriesgada que llega a nosotros gracias al florecimiento de un género que sigue explorando nuevas vías para asombrar al público. Es evidente que no todo el mundo comprará lo que tiene que ofrecer, pues es sencillo sentirse abrumado por el atracón de píldoras alucinógenas al que es sometido Dan Stevens (Downton Abbey, La bella y la bestia), aunque damos fe de que no tardará en encontrar a sus incondicionales, aquellos que disfrutarán de cada referencia a la cultura videoclipera y de sus guiños nada disimulados a filmes de culto.

Esta noche se emite en FOX España el primero de los ocho capítulos que conforman la temporada, por lo que en las próximas semanas veremos si existe verdadera cohesión tras una ficción a priori tan desestructurada y si finalmente consigue sorprender a pesar de las expectativas generadas y de las teorías que ya circulan por la red. Por supuesto, sois libres de empezar a elucubrar las vuestras propias.

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