Batman la LEGO película, desmontando al hombre-murciélago

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El debut de la marca juguetera en el terreno de la animación cinematográfica allá por 2014 resultó un hito tan sorprendente como refrescante. No sólo nos regaló una película que derrochaba creatividad y que hacía gala de un enfoque de lo más desenfadado, sino que además fue capaz de desmarcarse de todo lo visto anteriormente en un género cada vez más saturado y creando un universo de gran riqueza que mezclaba con acierto toda una serie de ideas originales con elementos prestados de algunas de las franquicias más relevantes de ayer y de hoy debidamente reconvertidas al estilo LEGO.

Con este spin-off basado en el popular personaje creado por Bob Kane -precisamente uno de los que mejor sabor de boca dejaron en aquel filme- el director Chris McKay apuesta por romper de una vez por todas esas barreras autoimpuestas por los universos de DC y Marvel que parecen seguir sumidos en su eterno enfrentamiento estético y conceptual, uno que ya hace tiempo que saltó de las viñetas al celuloide con resultados muy dispares.

Lejos de dejarse llevar por la corriente a la que pertenece, esa en la que sólo parecen tener cabida las almas oscuras y las historias de gran trascendencia, Batman la LEGO película se presenta como una contradicción en sí misma. Se trata de un producto que toma multitud de referencias de la mitología gothamita, a veces alcanzando cotas propias del fandom, aunque su capacidad para no tomarse en serio a sí misma es asombrosa, realizando sin temor gags delirantes a costa de algunos de los personajes más reverenciados de las historietas, de sus antiguas apariciones en la televisión y muy especialmente de la gran pantalla, independientemente de si han sido catalogadas como auténticas cult movies o ridiculeces posmodernas del Hollywood más comercial.

Por otro lado su tono varía continuamente con escenas impregnadas de un humor que oscila entre lo puramente infantil, lo absurdo y también lo satírico. Un extraño cóctel que funciona gracias a que en todo momento busca con esmero la complicidad del espectador, rememorando algunos de los tópicos más recurrentes del personaje sólo para darles la vuelta con inteligencia y diversión.

El carácter taciturno del justiciero enmascarado, su relación paterno-filial con su mayordomo Alfred o la supuesta condición de némesis del siempre indispensable Joker son algunos de los principales filones narrativos de esta película que explora con genuino encanto temas tan comunes como la soledad, la soberbia, la represión de nuestros miedos más profundos o la necesidad de confiar en los demás y de generar vínculos afectivos.

Resulta encomiable que, teniendo en cuenta que la película es un cúmulo de chistes sin apenas tiempo para la pausa, prácticamente todos acaben dando en la diana. La doble personalidad de Batman, a veces un perfecto héroe de carácter narcisista y otras niño mimado e inmaduro, la jovialidad e inocencia que aporta el joven Robin o la ternura –sí, han leído bien- que va intrínseca a la figura del Príncipe Payaso a pesar de toda su malevolencia y su amenazante dentadura son sólo algunos de los principales divertimentos de una cinta con constantes guiños a la cultura pop dirigidos a la audiencia más madura sin descuidar ciertos convencionalismos del cine más familiar.

Todo ello se sustenta con una animación sobresaliente, a caballo entre las tendencias digitales más actuales y las reminiscencias tradicionalistas del stop motion. Es cierto que en algún momento puede resultar un tanto caótica, como ocurre en ese inicio quizás demasiado acelerado que llega a desorientarnos, aunque una vez se le toma el pulso a la acción disfrutaremos de momentos de gran impacto visual.

En general es muy poco lo que se le puede reprochar a esta producción. Por decir algo, señalar que algunas de las voces que se han prestado a ciertos personajes secundarios desentonan con los excelentes doblajes de los protagonistas –ay, ese J.A. Bayona como Superman…- o la ausencia un tema tan asombrosamente pegadizo como aquel Everything is awesome que aquí no tiene réplica.

También nos hubiera gustado un mayor protagonismo de algunos de los villanos más emblemáticos del Caballero Oscuro cuya presencia no pasa de lo coral en pos de otros ilustres invitados, aunque no diremos más para no levantar la liebre antes de tiempo pues se trata de uno de los giros más excitantes del filme.

En definitiva, Batman la LEGO película es una cinta honesta, irreverente y ante todo gratificante de principio a fin, un espectáculo paródico que se plasma en pantalla con eficacia y sin un atisbo de rubor para deleite tanto de los fans del hombre-murciélago como de todo aquel que se deje seducir por su atractiva propuesta.

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