For Honor: batallas a hierro, sangre y fuego

Ubisoft Montréal se ha tomado su tiempo para crear una propuesta que, aunque cuenta con elementos perfectamente reconocibles de algunos pesos pesados de la industria como la saga Dark Souls o la imperecedera Dynasty Warriors, logra imponer su propia personalidad en un título de encarnizados combates medievales enmarcados en un mundo de fantasía en el que vikingos, caballeros y samurái pugnan por la supremacía.

For Honor ha sido concebido para trasladar a nuestros monitores toda la crudeza de la batalla, donde nuestra pericia con nuestro acero es fundamental para acabar con cualquier enemigo que se interponga entre nuestro guerrero y la victoria de nuestra facción. De ahí que fuese primordial depurar al máximo un sistema de combate que resulta muy satisfactorio por varios motivos: el primero, que es tremendamente accesible al principio, si bien dominarlo a la perfección hasta convertirnos en un oponente de lo más letal requerirá de muchas horas en primera línea. El segundo, que pese a la magnitud de los combates, la coordinación y la pausa a la hora de lanzar nuestros ataques y contrarrestar los del rival nos recompensarán por encima de aquellos dispuestos a pulsar botones a lo loco como si de un hack and slash convencional se tratara.

La orientación de nuestras armas al encarar a un enemigo es, por así decirlo, la base de la jugabilidad. Haciendo uso del stick derecho y fijándonos en una pequeña ruleta en forma de escudo en la parte inferior de la pantalla que marcará la posición que hayamos tomado entre las tres posibles, deberemos lanzar estocadas a nuestro oponente hasta romper su defensa, siendo lo más impredecibles que podamos y variando entre ataques rápidos y otros más potentes para aturdirlo. Bloquear sus embestidas responde al mismo sistema, por lo que tendremos que estar muy atentos para leer el lenguaje corporal del guerrero y parar sus golpes a izquierda, derecha o de frente.

El sistema está bien implementado, si bien no carece de aspectos que nos resultarán un tanto problemáticos, como por ejemplo la relativa agilidad y precisión con la que marcar un enemigo u otro, con lo que de vez en cuando nos veremos envueltos en alguna situación un tanto comprometida si no nos desplazamos con cabeza evitando que nos rodeen.

Por supuesto existen múltiples recursos para decantar la balanza a nuestro favor que deberemos conocer y practicar frecuentemente como son los agarres y empujones con los que desequilibrar a nuestro rival y toda una serie de golpes encadenados y de maniobras para esquivar y ganar la espalda al enemigo. La configuración de los escenarios también nos proporciona oportunidades para acabar la reyerta por la vía rápida, ya sea arrojando al adversario por precipicios o huecos en las murallas o lanzándolo contra paredes de pinchos u hogueras.

Esparcidos por el mapa encontraremos diversos recursos con los que dar un golpe de efecto en la batalla, por ejemplo la capacidad para invocar un disparo de catapulta en la zona que designemos, insuflar vitalidad a cuantos aliados nos rodeen, dispara una flecha en llamas con nuestro arco o poner trampas entre otras.

Sin embargo, si hay algo que definirá nuestro estilo de juego será sin duda el tipo de héroe que escojamos. Las clases, que coinciden independientemente del bando en el que nos encontremos, son las de Vanguardia, guerreros muy versátiles y que guardan un gran equilibrio entre defensa y ataque; Pesados, colosos capaces de infligir gran daño y que resisten una gran cantidad de impactos; Asesinos, veloces y a los que no es nada fácil herir; e Híbridos, que combinan atributos de otras clases, siendo los más complejos de controlar pero mortíferos con sus armas largas y con un buen puñado de ases en la manga que harán que merezca la pena tenerlos en consideración.

Es recomendable decantarnos por un tipo de guerrero en particular hasta sacarle el máximo partido y así ser mucho más determinantes en las partidas. No sólo tendremos que personalizarlos desde lo puramente estético, eligiendo su apariencia y el género del personaje, sino también irlo desarrollando.

Antes de cada combate, es esencial elegir aquellas destrezas con las que nos queramos equipar. Son potenciadores que nos harán, por poner un ejemplo, recuperar algo de vida tras realizar una ejecución a un enemigo, y aunque hay una gran variedad de ellos, pronto nos daremos cuenta de que algunos son un verdadero seguro de vida, entre los que hay que destacar aquel que nos permitirá durante unos segundos asestar golpes al enemigo sin posibilidad de que éste pueda pararlos o el que recarga nuestra barra de vida parcialmente.

Aunque For Honor es sin duda un juego que basa todo su atractivo en el multijugador, del que ahora hablaremos, no quiere descuidar a aquellos que también buscan una experiencia en solitario y que tanto se quejaron con juegos como Star Wars Battlefront o Rainbow Six Siege, éste también editado por Ubisoft, que al enfocarse plenamente en el apartado online optaron por prescindir de un modo campaña en una decisión calificada de decepcionante.

Lo cierto es que la historia para un jugador es entretenida aunque no está especialmente inspirada ni mucho menos. En todo caso se agradece su inclusión, de hecho recomendamos completarla antes de sumergirnos en otro tipo de modalidades precisamente porque es una oportunidad perfecta para familiarizarnos con el sistema de combate, con las posibilidades que otorgan sus escenarios y sobre todo para probar los diferentes tipos de héroe para las distintas facciones y así decantarnos por uno y otro con mayor criterio.

Dividida en tres actos cada uno de los cuales centrados en un ejército en particular, la trama sigue las maquinaciones de una formidable guerrera llamada Apollyon, que al mando de la llamada Legión Piedra Negra hará todo lo que esté en su mano para enfrentar a vikingos, caballeros y samurái entre sí para perpetuar un conflicto que satisfaga sus ansias belicistas.

Aunque el guión es bastante simple y carece de giros o personajes de genuino interés, la narrativa avanza de manera ágil y reforzada por un buen número de escenas generadas por el propio motor del juego. Algunas resultan impresionantes, como el desembarco de la flota vikinga previo a un sangriento saqueo, aunque el hecho de que prácticamente todos los protagonistas de la trama cuenten con modelos estándar cuyos rasgos van ocultos por el casco resta cierta trascendencia a los diálogos entre ellos.

Las misiones suelen tener como objetivo conquistar una fortaleza en concreto, expulsar a los enemigos de la zona o acabar con el líder de las fuerzas enemigas. No son especialmente variadas, y a excepción de algunas secuencias puntuales como una persecución a caballo o los combates contra ciertos jefes finales con mecánicas que se saldrán de la tónica habitual, beben directamente de la puesta en escena y de la fórmula que impera en el título.

Los enemigos que encontraremos se dividen en tres clases bien diferenciadas. Los soldados rasos, que aparecerán por decenas, son muy débiles y con una inteligencia artificial nula, apenas supondrán una amenaza y derribarlos no nos costará más que un único golpe, por lo que su presencia en el juego, aunque pueda parecer un tanto innecesaria, tiene como principal finalidad representar batallas a gran escala y sobre todo demostrar el enorme poder de los guerreros que tendremos la oportunidad de controlar.

Los héroes, por el contrario, sí son realmente duros de pelar, son resistentes y realizan ataques formidables, por lo que son los verdaderos contrincantes de los capítulos. Además, existen guerreros de un nivel intermedio que encontraremos frecuentemente portando armas pesadas y aunque tienen una movilidad más limitada, luchar contra varios de ellos a la vez exigirá toda nuestra habilidad, especialmente si durante el combate irrumpe algún héroe.

La campaña tiene una duración de unas ocho horas y su dificultad se suaviza en la medida en que aprendamos a equiparnos con destrezas de manera inteligente. Apenas nos da alicientes para rejugarla, pues aunque los escenarios son parcialmente abiertos y tendremos varias rutas para alcanzar nuestros objetivos, avanzar por ellos es una experiencia bastante lineal. Por otro lado, los desbloqueables que encontraremos diseminados por el mapa son una serie de destructibles en forma de recipientes y diversos puntos que observar con atención y que nos proveerán de información sobre el mundo en el que nos encontramos inmersos.

Un detalle que no podemos pasar por alto es que jugar a la campaña implica estar conectados a internet, requisito fundamental en For Honor y que ya habíamos visto en otras apuestas de la compañía gala como Steep, cuyo componente online era muy significativo. La excusa no es otra que el juego requiere tener presentes en todo momento nuestros marcadores, tanto online como offline.

Pero es que como decíamos jugar en compañía es la verdadera razón de ser del juego. Son seis los modos a nuestra disposición para dar rienda suelta a la vertiente competitiva del título: en Escaramuza, las partidas serán de cuatro contra cuatro, y deberemos conseguir 1000 puntos antes de que el enemigo entre en ruptura, momento en el que tendremos que lanzarnos a acabar con ellos para conseguir la victoria. Es esencial que nos rodeemos de otros jugadores cuyos personajes se complementen para crear un grupo competitivo, y por supuesto que haya una comunicación con la que ir trazando la estrategia a seguir, pues de lo contrario tendremos dificultades.

En Dominio, la joya de la corona, dos equipos de cuatro jugadores lucharán por controlar el campo de batalla conquistando diversas áreas. En una de ellas, las tropas rivales convergerán, por lo que a veces tendremos la sensación de que la partida se vuelve algo caótica. Como en Escaramuza, cuando se llegue a los 1000 puntos el ejército rival entrará en ruptura dándonos la oportunidad de acabar con él.

Duelo es, curiosamente, uno de nuestros favoritos precisamente por su simplicidad, puesto que la partida es de uno contra uno. Ambos se enfrentarán en combate singular en el que la concentración y la habilidad que hayamos adquirido serán fundamentales para ganar las tres rondas necesarias. Pelea es bastante similar aunque en este caso serán dos contra dos , si bien avisamos que está algo desequilibrado pues perder a nuestro aliado nos dejará prácticamente indefensos. Por último, Eliminación aumenta la escala del conflicto a cuatro contra cuatro.

Los mapas a elegir son un tanto escasos, sólo seis, aunque Ubisoft ha prometido ir nutriendo progresivamente al título de nuevos modos, arenas y héroes. En este sentido, merece la pena destacar uno de los puntos más interesantes de For Honor como vía para generar comunidad, y es la Guerra de Facciones. En ella podremos invertir los recursos que se nos otorguen tras cada victoria que logremos en los distintos frentes que se representarán en un mapa y que supondrán acciones de defensa de nuestro territorio o de ataque a otras zonas. Al final de cada temporada veremos nuestro nivel de influencia en el conflicto entre guerreros, vikingos y samurái en función del bando que hayamos elegido y podremos hacernos con recompensas como emblemas y skins.

Aquí vuelven a hacer acto de presencia los siempre polémicos micropagos, pues podremos adquirir acero a cambio de dinero real para posteriormente canjearlo por apariencias para nuestro personaje, nuevos héroes o habilidades, que eso sí podrán obtenerse acumulando (muchísimas) horas de juego o si tenemos el pase de temporada.

Más preocupante es la ausencia de servidores dedicados, algo que no se concibe dado que se trata de un juego que apuesta fervientemente por las funciones online. Precisamente los problemas a la hora de ir seleccionando a determinados jugadores como host de la partida, con molestas interrupciones en el fragor de la batalla, son uno de los puntos negros del juego tal y como se señaló nada más lanzarse al mercado.

Para acabar, decir que For Honor es una producción de gran envergadura en la que sus responsables han puesto toda la carne en el asador. Su apartado visual es intachable, a nivel artístico es estupendo y su rendimiento, en líneas generales, muy sólido, lo cual favorece mucho su propuesta jugable. El detalle con el que se han realizado las animaciones de los guerreros contribuye a generar esa sensación de estar inmersos en ese combate medieval tan brutal y en la que la fuerza, el peso de las armas y la coreografía impresa en cada movimiento se imponen como su principal sello de identidad.

El audio cumple sobradamente, con unos doblajes al castellano muy profesionales, un buen trabajo realizado a la hora de representar el sonido de las armas al chocar o al infligir una herida, y una banda sonora poco memorable pero muy adecuada gracias a su acusada percusión y a los instrumentos de cuerda con constantes referencias a las diferentes culturas que se dan cita.

For Honor es uno de los títulos de acción volcados en el juego online más sugestivos del panorama actual. Basa todo su atractivo en un sistema de combate bien desarrollado que o engancha desde un primer momento o corre el riesgo de resultar repetitivo a la larga, aunque no cabe duda de que es lo suficientemente original como para seducir a todo aquel que lleve tiempo ansiando chocar sus espadas contra los guerreros más mortales que existen. Y esos deberéis ser vosotros.

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