Feud: Bette and Joan, la obra magna de Ryan Murphy

FEUD: BETTE & JOAN -- Pictured: (l-r) Susan Sarandon as Bette Davis, Jessica Lange as Joan Crawford. CR: Kurt Iswarienko/FX.

Ryan Murphy puede gustar más o menos, pero lo que no puede negarse es que cualquier narración que lleva su sello va a tener una cosa a espuertas: carácter. Y si a eso le sumamos unos personajes como Bette Davis y Joan Crawford, una rivalidad de esas que sólo podían darse en el Hollywood dorado probablemente nos encontremos ante una de las mejores series que vamos a ver este año. Y digo esto con un sólo episodio visto de Feud: Bette and Joan. Así está la cosa.

 

“Las rivalidades no se basan nunca sobre el odio, se basan en el dolor”, lo dice Olivia de Havilland – con el rostro de Catherine Zeta Jones- y eso es lo que nos enseña Feud: Bette and Joan dos actrices que deben ponerse una máscara para mantener contento a un mundo que de todas formas las está condenando lentamente al ostracismo por lo que en las mujeres, y más aún las actrices, se considera un pecado capital: envejecer. Da igual que fueran dos bestias pardas de la actuación que nadie quiere contratarlas. Tienen arrugas, y los pechos ya no son tan turgentes como antaño. Y  también da lo mismo que sean dos bestias pardas Susan Sarandon y Jessica Lange, que el espectador puede intuir fácilmente que seguramente se han visto en su misma situación que los dos personajes que interpretan y que probablemente han salido adelante por la misma exacta razón de Crawford y Davis: son dos auténticas fuerzas de la naturaleza, tarde o temprano tiene que aparecer un Murphy o un Robert Aldrich que sea lo suficientemente inteligente para saber que debe dejarles paso.

Murphy reflexiona así sobre el talento, sobre si realmente hemos cambiado tanto o realmente seguimos pareciéndonos muchos a aquellas personas de los años 40 y 50, sobre las apariencias, sobre el talento, sobre la sororidad y la falta de ella. Se las apaña para hacer un canto a Hollywood sin dejar de enseñar toda la porquería que ocultaba debajo – esos sillones forrados de plástico convertidos en un intento desesperado de Crawford de evitar la degradación, aunque sea de la tapicería- y sobre todo Murphy homenajea a sus actrices. Porque las chicas de Murphy son como las nuestras de Almodóvar pero en la tele, y el showrunner sabe que cuando las deja hacer es cuando el show brilla con luz propia.

Porque seamos sinceros Susan Sarandon físicamente se parece ala actriz de Eva al desnudo como un huevo a una castaña, pero cuando la ves entrar en plano caracterizada de Baby Jane mirando fijamente al frente, esa mirada – ¡oh, esa mirada!- es lo más Bette Davis que vas a ver en tu vida a no ser que te pongas una película de la auténtica. Y Jessica Lange solo necesita esperar 30 minutos del primer episodio para marcarse un discurso digno de un Emmy. Lo dicho: dos fuerzas de la naturaleza.

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