Las películas de Resident Evil, de la peor de la saga a la mejor

Seis películas ha dado de sí la franquicia que en 2002 iniciara Paul W.S. Anderson de la mano de Milla Jovovich como protagonista indiscutible. Un clásico de los videojuegos trasladado al cine siempre anteponiendo el sentido del espectáculo y el puro entretenimiento a la fidelidad con la obra de Capcom, lo cual no significa necesariamente que sea algo malo. Por supuesto la calidad de las diferentes entregas que hemos podido disfrutar en la gran pantalla a lo largo de todos estos años ha sido un tanto irregular, de modo que ahora que sus responsables aseguran haber completado el círculo nos disponemos a hacer un repaso de todas ellas señalando las que a nuestro juicio son las más recomendables.

 

Resident Evil: El capítulo final (2017)

La despedida de la saga nos dejó sensaciones contradictorias. Por un lado realizó un notable ejercicio de nostalgia dirigido a los fans volviendo a poner sobre la palestra a viejos conocidos como la Reina Roja o escenarios antes visitados como las calles de Raccoon City o las instalaciones de La Colmena, todo ello sin prescindir de esas generosas dosis de acción que ya son marca de la casa. La revelación final en torno al origen de Alice y su relación con la corporación Umbrella resultó bastante satisfactoria, no lo fueron tanto otros aspectos del guión que traicionaban muchos de los preceptos establecidos en las primeras entregas en pos de aportar nuevos giros más o menos inesperados.

A esto hay que sumarle su incapacidad para conectar de manera lógica con el final de la película anterior –aquel plano de la Casa Blanca asediada por mil y una criaturas acabó siendo un cliffhanger de pega-, la muerte tan decepcionante que se le dio a personajes que hasta ese momento habían dado tanta guerra como Albert Wesker, la resurrección un tanto forzada de otros como el doctor Isaacs o, en general, la irrelevancia de la que hacían gala la gran mayoría de los secundarios. El filme también se vio lastrado por unos efectos digitales muy mejorables y unas escenas de lucha con un montaje algo atropellado. Para ponerle la guinda al pastel, la conclusión de Resident Evil: El capítulo final no hacía honor a su título dejando la historia abierta por si algún día se decide retomar este universo. Una decisión que no fue precisamente valiente y que restaba impacto a los instantes finales.

 

Resident Evil: Venganza (2012)

Vaya por delante que la penúltima entrega de la franquicia es quizás la que mayores riesgos asumió, algo que sería injusto no valorar. Conscientes de que cada vez resultaba más difícil sorprender a una audiencia que había recorrido un largo camino junto a Alice y que además comenzaba a estar un tanto saturada por una gran variedad de producciones para el cine y la televisión de un género que alcanzaba las más altas cotas de popularidad, sus responsables decidieron cambiar las reglas y someter a los protagonistas a unos Juegos del hambre muy particulares.

Gracias a unas colosales instalaciones controladas por la todopoderosa corporación Umbrella, los supervivientes tuvieron la oportunidad de luchar para salvar el pellejo en toda una sucesión de escenarios poblados por criaturas a cada cual más abominable. En algunos de ellos pudimos disfrutar de escenas muy interesantes como una más amplia recreación del incidente con el Paciente Cero en tierras niponas –ya tuvimos un adelanto en Resident Evil: Ultratumba-, aunque el pésimo tratamiento de algunos personajes que los fans llevaban tiempo esperando ver como el de León Kennedy o Ada Wong y el extraño reciclaje de actores que ya participaron en los primeros filmes le restaron muchos puntos. Eso, y algunas ideas tomadas prestadas de otras cintas consideradas de culto en ciertos sectores como la introducción esos zombies nazis –perdón, soviéticos- que dividieron al público, pues mientras una parte consideró que habían sido metidos con calzador, otra alabó su aportación a ese mundo prefabricado, tan imprevisible como carente de toda lógica, que en cierto modo bebía de muchas premisas que nutren a la industria del videojuego.

 

Resident Evil 3: Extinción (2007)

Russell Mulcahy fue el encargado de recoger el testigo y ponerse tras las cámaras de una tercera entrega que comenzaba a dar pistas sobre el nuevo rumbo que iba de tomar la saga. Gracias a un salto temporal bastante significativo, la cinta nos mostraba los estragos provocados por la infección y la irremediable transformación de un planeta en el que los humanos ya eran minoría.

El cambio de ambientación, propio de una película de Mad Max, nos trasladaba al desierto de Mojave, un escenario desolador que un pequeño convoy trataba de dejar atrás con la esperanza de llegar al norte y encontrar un lugar seguro donde asentarse. Su obstáculo principal, unas instalaciones de la Corporación Umbrella bajo la tutela del doctor Isaacs, empeñado en ponerles las cosas difíciles a Alice y a los suyos. Su alocado plan de domesticar a los zombies era uno de los aspectos más cuestionables de una cinta correcta pero no demasiado inspirada y que acumulaba tantos aciertos como errores.

 

Resident Evil 2: Apocalipsis (2004)

Paul W.S. Anderson abordó la continuación del primer filme tal y como cabía esperar, tras el intrigante cierre de aquel con el que ya intuíamos que el Virus-T estaba lejos de ser controlado. En esta ocasión, la acción no estaba tan encorsetada ya que Alice, tras su huída de La Colmena y sus angostos corredores, tuvo la oportunidad de recorrer la ciudad de Raccoon City con total libertad en compañía de combatientes tan experimentados como Jill Valentine y Carlos Olivera.

Aunque estos dos personajes suponían un nuevo intento por establecer una conexión más evidente entre la saga cinematográfica y los juegos que ayudase a aliviar parte de la tensión generada con los fans de Resident Evil, fue la aparición de Némesis lo que dejó un mejor sabor de boca. Y es que por si el grupo de supervivientes no tenía suficiente con los horrores que aguardaban a cada esquina, la persecución del monstruo aceleraba el ritmo de una producción que nos obsequiaba con buenos momentos, algunos de ellos a modo de homenaje a las obras de George A. Romero.

 

Resident Evil: Ultratumba (2010)

El boom del formato 3D en las salas de todo el mundo le vino muy bien a esta cinta que, dejando a un lado si estáis a favor o en contra de esta tecnología, gozó de un tratamiento visual espectacular y que reforzaba toda una serie de escenas de acción en su mayoría muy bien planteadas.

La aparición de enemigos tan imponentes como el Verdugo o algunas particularidades del diseño de los nuevos zombies volvieron a envolver a la producción de esa esencia videojueguil a la que Anderson sacó partido sin complejo alguno y que dieron como resultado una de las películas más entretenidas y dinámicas de Resident Evil, puro espectáculo – a veces rozando lo autoparódico- concebido para reinventar una saga justo cuando empezaba a dar signos de agotamiento. Gustaron también algunas nuevas incorporaciones como el bueno de Luther West, uno de los personajes más apreciados de cuantos lucharon al lado de Alice, y sus nada disimuladas referencias a iconos de la cultura televisiva como The Walking Dead o Prison Break, llegando incluso a incorporar a Wentworth Miller al reparto.

 

Resident Evil (2002)

Como suele ocurrir en estos casos, el filme que lo inició todo siempre ocupará un rinconcito especial en nuestro corazón. No porque el primer Resident Evil fuese tremendamente original, pues resulta evidente que bebía de fuentes muy diversas. Más bien por su acierto a la hora de fusionar ciertos convencionalismos del género de los zombies –y del terror en general- con los atributos propios del cine de acción moderno.

Más allá de que en su día la película fuese muy discutida por los incondicionales del videojuego, que no se tomaron nada bien que ni siquiera el personaje de Alice estuviese sacado directamente de la saga de Capcom pese a ser el protagonista, como película de supervivencia funcionaba como un reloj, dejándonos algunas de las escenas más memorables de la saga, como aquel aeróbico enfrentamiento con los dóberman o muy especialmente ese pasillo con trampas láser que guardaba más de una sorpresa. Suponemos que por aquel entonces ni siquiera Milla Jovovich se imaginaba que acabaría siendo una de las heroínas más populares del cine comercial contemporáneo.

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