The Walking Dead y el efecto del ojo del tigre

Y así, sin comerlo ni beberlo, la séptima temporada de The Walking Dead ha llegado a su fin. Parece que fue ayer cuando los fans nos mordíamos las uñas mientras elucubrábamos quién sería la víctima de Lucille y maldecíamos entre dientes a los responsables de la serie por concebir un cliffhanger tan rematadamente cruel y que iba a dejarnos con la intriga muchos meses.

Pues bien, un año después la serie vuelve a tomarse un descanso con un episodio de una hora que poco a poco va cogiendo carrerilla hasta llegar a un desenlace que no ha necesitado de ninguna treta para lograr dejarnos muy pendientes de lo que nos deparará el futuro de la ficción.

Un futuro que por supuesto seguirá ligado al conflicto de los supervivientes con Negan, un personaje que como ya intuíamos había llegado para quedarse. El líder de Los Salvadores ha conseguido robar todo el protagonismo a muchos de los pesos pesados de la serie no sólo gracias al carisma de su intérprete, Jeffrey Dean Morgan, sino también a una personalidad un tanto confusa que lidia entre la brutalidad y la travesura.

La mano de hierro con la que ejerce su mandato y ejecuta los castigos más espantosos convive con todo un surtido de poses de estrella del rock, sonrisas de niño juguetón y mucha, mucha verborrea, recurso de un manipulador nato al que le bastaron un par de speeches para superar las líneas de diálogo Daryl desde el inicio de la serie.

Es por eso que incluso en mitad de un ataque a Alexandria, tras haber puesto a Rick de rodillas y amenazado con abrir el cráneo a su hijo de un solo golpe, oírle sorprenderse por la repentina irrupción de un tigre en la batalla o la aparición de cierta “viuda resucitada” armada hasta los dientes es suficiente para perdonarle su juego sucio y hacernos esbozar una sonrisa, tal es su malévolo magnetismo.

A pesar de la peineta que dedicó a los defensores durante su huída, lo cierto es que por primera vez hemos visto a Negan preocupado por el cariz que están tomando los acontecimientos. No es para menos, pues teníamos muchas ganas de ver por fin a todos los frentes unidos, a las gentes del Reino atacando con ferocidad a sus enemigos, a Carol volviendo a empuñar un arma y lanzando esa mirada gélida con la que igual decapita caminantes que hornea galletas, a Morgan aparcando un poquito su credo –ya tendrá tiempo de montar su propio huerto cuando todo acabe- y arremetiendo contra sus enemigos, e incluso a Maggie dirigiendo a la buena gente de Hilltop amparada por el hecho de que ya no hay médico que le aconseje guardar reposo por el bien de su embarazo.

Pero en el ojo del huracán siempre estarán los mismos. Carl, que nunca se acobarda ni pierde el tiempo cuando tiene una pistola en la mano; Michonne, que no necesita empuñar una katana para lanzar a quien haga falta de la azotea de un edificio si se pone en plan listillo; Daryl, al que después de su cautiverio disparar una ametralladora le hace mejor servicio que cualquier sesión de terapia; y por supuesto Rick Grimes, un tipo muy dado a las frases lapidarias que se atreve incluso a repetir aquello de “puede que no te mate hoy, ni mañana, pero ya estás muerto” sólo para que a un servidor se le hinche el pecho como a un pavo real. Puro Eye of the Tiger.

Por supuesto no podíamos despedirnos de esta temporada sin comentar otra baja muy significativa para el grupo, la de Sasha. Ella fue la que puso la nota trágica al episodio con su sacrificio, ingiriendo esa pastilla letal esperando que el exceso de teatralidad de su captor fuese también su perdición. Casi lo logra, de hecho su plan creó el desconcierto necesario como para que la gente de Alexandria pudiera volver a alzarse en armas. Pese a todo, es imposible no sentir que su sacrificio merecía más premio y que, aunque se quedase sin probar el cuello de Negan, podría haber acabado con alguno de sus lugartenientes y no con un simple guardia.

La batalla de los cinco ejércitos se ha saldado con una importante victoria, aunque la guerra no ha hecho más que comenzar. Los Salvadores ya preparan sus fuerzas, tal y como reflejaba esa escena entre El ataque de los clones y 2013: Rescate en Los Angeles, aunque serán muchas las piezas que intervendrán en la contienda. La traición cometida por la gente del basurero no será olvidada más allá de que se viese venir de lejos, y si el pacto todavía sigue vigente serán un enemigo importante que combatir, aunque en su caso al menos no harán perder el tiempo a nadie dándole conversación. Tampoco hay que descartar aliados inesperados como Dwight, que parecía sincero a la hora de manifestar su repulsa a su superior y que podría ser un infiltrado de lo más valioso, e incluso Eugene, al menos si somos de la opinión de Sasha y todavía creemos que puede encontrar algo de valor y mantenerse fiel a sus amigos.

Como nos recordaba Abraham, vivir es arriesgar la vida por los demás. No cabe duda de que, a juzgar por lo que está por venir, su oportunidad tendrán.

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