Ghost Recon Wildlands, fantasmas contra narcos

Ubisoft no está por la labor de aparcar una de las franquicias más emblemáticas de su amplio catálogo, de ahí que el primer Ghost Recon para la actual generación se haya presentado como una de las grandes apuestas de la compañía gala para esta temporada.

No es para menos, pues la saga regresa por todo lo alto con una producción de muchísima envergadura y con su propia personalidad, que hace uso de la popular fórmula de mundo abierto y que muestra sus mayores fortalezas al jugarse en modo cooperativo si bien también puede ser disfrutado de manera individual.

La premisa del título sigue fiel a los orígenes de este sello poniéndonos al frente de un grupo de combatientes de élite capaz de llevar a cabo las operaciones más osadas en territorio enemigo alcanzando sus objetivos con discreción y evadiéndose de fuerzas militares muy superiores en número. Es importante señalar que en Ghost Recon Wildlands se han desterrado aquellos aspectos de corte futurista que tenían un papel fundamental en títulos como las dos entregas de Advanced Warfighter en pos de una aproximación a los combates entendida como más actual, sin que eso signifique que los soldados a nuestro mando no dispondrán del mejor equipo y la tecnología más actual a la hora de afrontar cada misión.

En esta ocasión la acción nos llevará a Bolivia, un país en el que el llamado cártel de Santa Blanca ejerce cada vez mayor control. Su líder, un brutal narcotraficante apodado como El Sueño al mando de su propio ejército, aspira a configurar un estado independiente y sustentado en el incombustible negocio de la droga. A menos, claro está, que alguien ponga freno a su ambición desmedida.

La trama, aunque a priori no es demasiado original, sabe mantener el interés y resulta muy funcional ya que su desarrollo va íntimamente ligado con el concepto sandbox y la estructura de misiones por la que se ha optado. Para llegar hasta nuestro objetivo principal primero deberemos hacer que su imperio sangre, concentrando nuestros esfuerzos en eliminar a sus múltiples lugartenientes. Cada uno de ellos, además de contar con su propia historia y sus particularidades, está al cargo de una zona determinada dentro del territorio del cártel que deberemos liberar con la única ayuda de nuestros aliados insurgentes, que nos facilitarán la información necesaria para llevar a cabo acciones contra ellos.

En nuestra cruzada contra El Sueño recorreremos un mapa en el que no sólo destaca su gran tamaño, sino también el contraste entre sus diferentes zonas tanto en el clima como en el paisaje geográfico. Además de dar mucha variedad al título a nivel visual, también condicionará poderosamente nuestra forma de planificar las operaciones, pues no es lo mismo combatir en desiertos áridos y llanos que en terrenos escarpados de montaña o en zonas donde la vegetación es más frondosa.

Antes de cada asalto más nos valdrá analizar el escenario, personalizar nuestro equipo y escoger las armas más adecuadas. En este sentido, Ghost Recon Wildlands da mucha libertad a la hora de dar rienda suelta al estilo de juego con el que nos encontremos más cómodos, aunque por lo general recompensa aquellas estrategias basadas en el sigilo frente al enfrentamiento directo.

Esto no significa que la campaña no cuente con momentos en los que la acción se dispara y en los que el sentido del espectáculo gana muchos enteros, especialmente cuando implica el uso de vehículos por tierra, mar o aire. Sin embargo, la esencia de la jugabilidad sigue siendo golpear al enemigo y desaparecer como verdaderos fantasmas, sin que todo acabe en una ensalada de tiros.

El uso del dron será fundamental a la hora de reconocer el terreno y marcar a los enemigos desplegados, pues la infiltración dependerá en gran medida de conocer sus rutinas. También de coordinarnos con precisión con nuestros compañeros, con los que podremos realizar ejecuciones simultáneas muy vistosas y efectivas que nos permitirán acabar con varios guardias sin que tengan tiempo de dar la alarma. Este sistema funciona muy bien cuando jugamos en solitario, ya que nuestros hombres se posicionarán automáticamente para seguir nuestras instrucciones y hacer su disparo, aunque no supone tanto desafío ni resulta tan gratificante como hacerlo junto a algún amigo.

En general, al ir acumulando horas en Ghost Recon Wildlands nos daremos cuenta de que el título gana muchos enteros si afrontamos las misiones acompañados de otros jugadores, algo que mitiga uno de los principales defectos del juego que es la constante repetición de las situaciones a la que nos expondrá. Porque aunque las misiones principales, como suele ser habitual, son las más cuidadas y vibrantes, todos aquellos encargos secundarios que inundan el mapa y que podremos atender en el momento en que nos apetezca para conseguir mejoras para nuestro arsenal sí adolecen de mecánicas un tanto clónicas y que con el tiempo pueden hacérsenos muy tediosas a menos que encontremos otros alicientes como el superarlas de manera cooperativa.

Es una lástima que, dado que el juego hace gala de contenido suficiente para mantenernos pegados a la pantalla muchísimas semanas, se haya priorizado la cantidad sobre otros factores como la variedad de planteamientos. A esto hemos de sumarle que la dificultad creciente que entrañan los niveles a medida que va avanzando la aventura se basa primordialmente en un mayor concentración de enemigos cada vez mejor pertrechados, lo que les convierte en contrincantes más duros y difíciles de burlar sin que su inteligencia artificial o sus patrones muestren un salto significativo.

A nivel jugable Ghost Recon Wildlands es bastante sólido, es más, que permita cambiar la perspectiva de primera a tercera persona es todo un acierto ya que facilita mucho las cosas dependiendo de si estamos apuntando en mitad de una refriega o si estamos escabulléndonos de las patrullas del cártel. Es cierto que puede que tardemos en acostumbrarnos a algunos aspectos de su control, sobre todo a esas coberturas automáticas que con toda seguridad nos dejarán vendidos en más de una ocasión, pero en términos generales se muestra correcto.

La conducción, por el contrario, no deja tan buenas sensaciones. El control de los vehículos es tosco y muy poco realista, sólo con subirnos a un coche y acelerar o frenar en seco nos daremos cuenta de que reaccionan a trompicones y a veces es difícil dominarlos, aunque también es cierto que su resistencia y maniobrabilidad aportan un componente arcade que no disgustará a todos propiciando persecuciones trepidantes y combates con mucha continuidad.

Donde el juego sí deja el listón muy alto es en lo técnico. Gráficamente entra por los ojos no sólo por la belleza y la diversidad de la ambientación, la cual es fruto de una gran labor de diseño que refleja fielmente la riqueza natural de Bolivia, sino también por la calidad de sus texturas y la gran cantidad de elementos que conforman los escenarios, que brillan más cuando son rurales que cuando pertenecen a áreas urbanas.

En conclusión, diremos que Ghost Recon Wildlands se acomoda entre algunas de las tendencias más demandadas por la comunidad actual. Para ello ha roto con la linealidad que hasta ahora había imperado en la franquicia y con la rigurosidad táctica que en cierto modo hizo famoso este sello. A cambio, nos ofrece más acción y un mundo extenso y repleto de cosas que hacer, en el que nos moveremos a nuestro antojo, calibrando la dificultad de los desafíos a los que nos queremos enfrentar en cada momento –podremos viajar a cualquier rincón desde el minuto uno- y avanzando a nuestro propio ritmo.

Un título ambicioso que destaca audiovisualmente, que viene perfectamente localizado a nuestro idioma y que, de manera intencionada o por puro azar, evoca con frecuencia a la serie de televisión Narcos no sólo por la temática, sino también por la aproximación a un conflicto con implicaciones sociales y políticas que invitan a cierta reflexión.

Tiene sus errores, algunos de ellos no le permiten llegar tan lejos como seguramente pretendía al sumirse en algunos de los principales vicios de los juegos de mundo abierto como el abuso de misiones secundarias un tanto reiterativas sólo para aumentar artificialmente la duración de la experiencia. En todo caso su vertiente multijugador, sin que resulte una obligación, es el jarabe más eficaz para curar casi todos sus males.

Lo nuevo de Ubisoft tiene mucho de la libertad de Far Cry, una pizca del frenetismo de Just Cause y bastante del delirio techie y la diversión de Watch Dogs, así que si os gusta el género estáis un candidato a tener en cuenta para engrosar vuestra colección.

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