Los 5 niveles más espectaculares de los juegos de la Segunda Guerra Mundial

El anuncio de Call of Duty WWII, que implica el regreso de la saga al conflicto bélico más mortífero del siglo XX, ha hecho que nos acordemos de algunos de los momentos más épicos que nos dejaron los principales shooters que se ambientaron en este periodo. A lo largo de sus múltiples entregas ha sido sin duda la franquicia de Activision la que, junto con Medal of Honor de EA, más se ha esforzado por representar de la manera más espectacular posible las batallas más sangrientas y que marcaron el devenir de la llamada guerra total, de modo que es un buen momento para hacer memoria y repasar los niveles más impactantes que nos ha regalado este género. Y es que… ¡cuánto lo echábamos de menos!

 

El desembarco de Normandía – Medal of Honor: Allied Assault

La industria le debe mucho a este título de 2002. No sólo redefinió algunas de las bases de los juegos de acción en primera persona que todavía hoy se mantienen vigentes, sino que además se trata de uno de los que mejor hacen uso de un referente cinematográfico a la hora de crear una experiencia inmersiva y sobrecogedora.

En esta ocasión fueron los primeros minutos de la película Salvar al soldado Ryan de Steven Spielberg los que sirvieron de inspiración para diseñar el desembarco de las tropas estadounidenses en la playa de Omaha. La puesta en escena no sólo era un calco de la del filme, sino que además incluía comentarios casi idénticos a los de la cinta y algún que otro guiño como ese soldado vomitando en la barcaza de puro nerviosismo momentos antes de que empezasen a llover las balas. El dificultoso avance una vez llegamos a la orilla, el fuego de las ametralladoras, la constante búsqueda de parapetos, el reencuentro con nuestros hombres en las dunas justo antes de lanzarnos a capturar los nidos de ametralladoras… todo resultaba muy familiar pero a la vez tremendamente excitante.

 

El ataque a Pearl Harbor – Medal of Honor: Pacific Assault

Tras un puñado de expansiones que nos hicieron visitar múltiples localizaciones en Europa y África, la saga dio el paso lógico llevando la acción al océano Pacífico, donde los Aliados libraron algunas de las batallas más sangrientas de la guerra contra las fuerzas niponas. Y para poner en situación al jugador, los responsables del título quisieron recrear con un gran sentido del espectáculo el fatídico ataque aéreo sobre la base estadounidense en Pearl Harbor.

Una vez más, muchas de las secuencias que se sucedían en pantalla tenían su inspiración en el cine, concretamente en el drama que firmó Michael Bay en 2001. Y aunque se trataba de un nivel un tanto guiado y lleno de scripts, no podemos ocultar que en su día nos impresionó mucho. Ver cómo los acorazados eran bombardeados desde nuestra lancha evitando que nos aplastaran mientras se hundían era una gozada, casi tanto como emular a Cuba Gooding Jr. agarrando una de las ametralladoras de la cubierta de uno de ellos para derribar un puñado de zeros japoneses una vez lográbamos tomar posiciones defensivas. Ni que decir tiene que se trataba del momento más dramático del título, mostrando con todo lujo de detalles los estragos del ataque con todos esos barcos ardiendo y marineros ahogándose sin que pudiésemos hacer nada. Más tarde al menos podríamos tomarnos la revancha.

 

La batalla de Stalingrado – Call of Duty

Una vez quedó claro que los estudios habían encontrado un nuevo filón, Activision decidió que también quería su parte del pastel y creó un sello propio con el que desarrollar grandes producciones muy enfocadas a la acción directa y ambientadas en la Segunda Guerra Mundial. Call of Duty debutó en 2003 con un juego soberbio, técnicamente en la vanguardia y que se distanciaba de lo visto anteriormente localizando buena parte de su campaña principal en el frente ruso, donde los alemanes comenzaron a perder la guerra.

Dado que los combates que se libraron en Stalingrado supusieron un punto de inflexión en la contienda, era de esperar que el juego sacase el máximo partido a este escenario, y más cuando tenían en la película Enemigo a las puertas el material idóneo para plantear el capítulo más notable de todo el título. Aquellos que la hayan visto se acordarán de la escena que comienza con todos los nuevos reclutas atravesando el río en barcos de transporte de tropas bajo el fuego de la aviación teutona y que finaliza en ese asalto masivo en el que los soldados se convertían en carne de cañón y en el que sólo uno de cada dos tenía el privilegio de portar un fusil. La crudeza de la confrontación y su impacto visual, con gran número de soldados a la carrera, consiguió atraparnos hasta tal punto que nos fue imposible soltar el teclado y el ratón hasta acabar el juego del todo. El resto ya es historia.

 

La batalla de Pointe du Hoc – Call of Duty 2

La esperadísima segunda entrega de Call of Duty trajo de vuelta el evento que los jugadores más anhelaban rememorar, el desembarco en las costas francesas durante el Día-D. A sabiendas de que anteriormente ya se había recreado ese icónico momento con gran brillantez, los chicos de Infinity Ward decidieron introducir algunos elementos que dotasen a este escenario de su propia personalidad. Para ello, la acción se trasladó a Pointe du Hoc, un lugar que resultó crucial para la invasión situado entre las playas de Utah y Omaha y que había sido fuertemente fortificado por las fuerzas germanas.

Aunque los primeros instantes del nivel pueden recordar a lo visto en Medal of Honor: Allied Assault, con esa agitada espera en las barcazas previa a pisar la playa, una vez comenzaba la acción las cosas eran bien distintas. En primer lugar, porque para alcanzar las posiciones enemigas debíamos escalar con garfios las paredes rocosas del colosal acantilado que se encontraba ante nosotros, lo cual insuflaba una gran tensión y espectacularidad al combate. Una vez arriba, ya en territorio enemigo, debíamos ir tomando los bunkers para asegurar la zona y así garantizar el avance al interior del territorio galo.

 

La caída de Berlín – Call of Duty: World at War

El que hasta ahora era el último de los Call of Duty de la Segunda Guerra Mundial optó por una estructura por aquel entonces un tanto atípica que nos hacía saltar de un rincón del mundo a otro según se sucedían las misiones. Unas veces tomábamos el control de un soldado del ejército ruso en plena ofensiva y obligando a las fuerzas nazis a replegarse cada vez más y otras la de un marine estadounidense liberando islas en el Pacífico y pagando un alto coste por cada nueva victoria.

La intensidad del tramo final del juego era muy alta y no sólo se debía a la dureza de los tiroteos y a la acumulación de los enemigos, sino también por los continuos ánimos de nuestro camarada Viktor Reznov –personaje que Treyarch recuperaría para Call of Duty: Black Ops– que nos jaleaba de manera incombustible para seguir avanzando a pesar de todas las dificultades. El objetivo final no era otro que plantar la bandera soviética en lo alto del Reichstag como símbolo inequívoco del triunfo del Ejército Rojo sobre los fascistas, algo que lográbamos de forma un tanto dramática.

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