10 cosas por las que siempre recordaremos la serie de Batman

La muerte de Adam West nos ha entristecido mucho. Mundialmente conocido por encarnar a Batman en la serie de culto de ABC emitida entre 1966 y 1968, el actor se ganó el cariño de varias generaciones gracias a esa mezcla de comedia y aventura que estaba presente en todos y cada uno de los 120 episodios de los que constó la ficción. Un show irrepetible que hoy queremos homenajear destacando algunos de los tópicos que lo hicieron único.

 

Encanto carnavalesco y culto al michelín

La apariencia que el hombre-murciélago cultivó en la serie no estaba orientada a causar temor en los maleantes, tal y como sucedería en las posteriores versiones cinematográficas. De hecho, su diseño guarda muchas semejanzas con el de los primeros comics que se publicaron sobre el personaje, cuya figura no eran ni mucho menos tan sobria y amenazante como la que se explota en la actualidad. Buena prueba de ello eran los colores que Batman lucía en su disfraz, donde prácticamente no encontrábamos ni un atisbo de negro en pos del azul oscuro para la capucha –la cual, dicho sea de paso, tenía unas cejas pintadas de lo más cómicas- y la capa, el gris para las mallas y el amarillo para el cinturón y el emblema del pecho.

Cabe destacar que West, lejos de estar en una mala forma física, no lucía la musculatura propia del arquetipo de héroe al que estamos acostumbrados, de ahí que más de una vez la ropa ajustada le dejase en situaciones un tanto embarazosas para divertimento del personal. Robin, por su parte, nos dejaría como legado esos leotardos tan indignos y que han sido objeto de tantas bromas a lo largo de los años.

 

Cuando los efectos de sonido no eran suficiente

Si hay algo que no podía faltar en el tramo final de los episodios era una pelea multitudinaria entre los dos héroes y la banda del villano de turno, el cual tampoco se privaba de participar en estas trifulcas. Estos combates eran una ensalada de puñetazos, llaves y zancadillas coreografiadas alegremente y en las que era habitual ver a los matones rondando por el suelo o saltando sobre muebles y otros elementos de la escenografía.

Sin embargo, si hay algo que destacaba sobre todo lo demás eran esas onomatopeyas que invadían por unos segundos la pantalla cada vez que los nudillos de Batman impactaban en el mentón de alguno de sus rivales. Los “Paff!!”, “Bang!!” y “Pow!!” acabaron siendo una de las señas de identidad de una serie que resultaba profundamente inocente incluso en las escenas de acción.

 

Vuestro amigo y vecino Batman

Los tiempos han cambiado. Aunque en la actualidad atraigan más las historias de héroes atormentados que se mueven entre las sombras y apenas articulan dos palabras seguidas, a mediados de los 60 el bueno de Batman no tenía ningún reparo en dejarse ver a plena luz del día y socializar con la gente. Cuando él y su inseparable compañero debían encontrarse con el comisario Gordon y el Jefe O’Hara para que les encomendasen nuevos encargos, éstos escalaban tranquilamente la fachada de su edificio aprovechando para dar los buenos días a algún vecino que se asomaba por la ventana. Una vez en el despacho, solían tener una charla amistosa en la que compartir opiniones y tratar de descifrar, por ejemplo, el último de los mensajes enviados por El Acertijo.

 

Los buenos villanos saben sobreactuar

A Gotham nunca le han faltado los malhechores, aunque sólo unos pocos han sido capaces de plantarle cara al dúo dinámico. Sólo aquellos con una fuerte personalidad y cierto sentido del espectáculo eran capaces de trazar los planes criminales más audaces y poner en jaque al departamento de policía, aunque finalmente siempre acabaran mordiendo el polvo ante la sagacidad de Batman y su pupilo.

Entre los más célebres podemos citar al Joker, interpretado por el sensacional César Romero –cuyo maquillaje apenas era capaz de disimular su característico bigote- que supo hacer suyo el personaje e imprimirle un carácter burlón que le sentaban muy bien. También estaba el Pingüino (Burgess Meredith), uno de los que hacían acto de presencia con más frecuencia y que resultaba bastante cómico con esa forma de caminar yéndose hacia los lados como si de verdad fuese un pingüino y ese “cuac-cuac-cuac” que musitaba incontroladamente. Otros como El Acertijo o la Mujer Gato tampoco faltaron a su cita con la serie.

 

No es una buena trampa si no hay posibilidad de escapar

Los villanos de la serie eran esclavos de su propia teatralidad, y esto es algo que no sólo quedaba patente en sus magistrales entradas o en los trajes estrafalarios. Cuando una emboscada les salía bien y acababan atrapando a los héroes, en vez de acabar con ellos de manera rápida y eficaz preferían dejarlos a merced de trampas mortales de las que siempre salían indemnes.

Hay que decir que el Joker y compañía no sólo pecaban de exceso de ingenio sino también de imprudentes, pues una vez activaban aquellos mecanismos innecesariamente lentos que daban vida a artilugios de lo más originales, preferían abandonar el lugar entre risotadas dejando solo a Batman y al Chico Maravilla para que pudiesen liberarse de sus ataduras sin demasiadas interferencias. Dado que cada caso al que se enfrentaban constaba de dos episodios, la estructura de la serie dictaba que al final del primero debían quedar atrapados dejando a los espectadores con el cliffhanger de turno para salir airosos del trance al comienzo del segundo, dando pie a la resolución de los acontecimientos.

“A la misma bat-hora y en el mismo bat-canal”.

La banda sonora que siempre acompañará al enmascarado

Todavía hoy, cuando se habla del personaje creado por Bob Kane y Bill Finger y sea cual sea la versión del mismo a la que nos refiramos, alguien en la sala no puede resistirse a tararear la canción con la que abría esta serie. El tema, compuesto por Neal Hefti, resultaba tremendamente pegadizo con esas notas de guitarra seguidas de aquel “Na na na na na na na na na na na na na… ¡Batman!” tan particular. Es más, la palabra “Batman” se repetía hasta 13 veces seguidas, por lo que si de algo no se tenían que preocupar los fans era de aprenderse la letra.

 

La esencia de los 60

A veces, cuando el protagonista entraba en la guarida de alguno de sus adversarios, no teníamos muy claro si estábamos a punto de presenciar un combate sensacional o si en cualquier momento iba a dar comienzo el guateque. Y no sólo era por la moda de la época y lo colorido de los escenarios, sino también por la irrupción de personajes como el de la Mujer Gato, a la que nadie podía arrebatar su condición de chica ye-ye.

Uno de los capítulos que mejor representan el espíritu de los sesenta es aquel en el que Batman danza sin parar ante la atenta mirada del rey Tut y su corte. Los movimientos de West, que no paraba de agitar su capa y pasarse los dedos por la máscara, se convirtieron instantáneamente en patrimonio de la televisión. Impagable.

¡Esa lengua, Robin!

No hace falta decir que en una serie que apuntaba al público infantil las palabrotas no tenían cabida. En este sentido, cada vez que el inocente Robin se sorprendía de la situación en la que se encontraban, su principal recurso era combinar la palabra “santo” con cualquier concepto que resultase oportuno en ese momento determinado. Expresiones como “¡Santa caja de sorpresas, Batman!” o “¡Santa conspiración, Batman!” eran la tónica en los diálogos de un personaje al que parecía que su mentor había lavado la boca con jabón hacía mucho tiempo.

 

Lo quiero en negro y descapotable

El diseño del Batmobile que aparecía en la serie nació del arte conceptual que Ford Motor había desarrollado para el modelo Lincoln Futura, al que se le hicieron varias modificaciones en la carrocería para darle un aspecto veloz y para integrar todos los elementos propios del personaje que lo conduciría. Cuando Batman decía aquello de “¡Rápido Robin, al Batmobile” los héroes saltaban sobre sus asientos para continuar sus andanzas en el que está considerado como uno de los principales iconos automovilísticos del cine y la televisión.

¿Leyenda urbana o realidad?

Son muchos los mitos que surgieron a partir del éxito de la serie. Si bien algunos de ellos resultaron falsos, otros han sido confirmados por sus propios protagonistas como por ejemplo aquel que hacía referencia a la adicción al sexo de Adam West y sus orgías durante los rodajes. El propio actor reconoció en una entrevista que solía invitar a mujeres a su camerino ya fueran actrices del reparto, fans o simples amigas, y que en una ocasión incluso llegó a tener relaciones con ocho de ellas a la vez. También comentó que cuando el encuentro tenía lugar en una pausa de la jornada de grabación, dado lo incómodo que resultaba ponerse y quitarse un traje tan apretado, era bastante común practicar sexo express para así regresar al set a tiempo para continuar el trabajo.

Otra de las historias más conocidas sobre el protagonista de la serie es aquella que cuenta cómo Warner Bros llegó a recibir centenares de cartas que solicitaban que West fuera el Batman de la película de Tim Burton y no Michael Keaton, quien finalmente se hizo con el papel. Tras realizar algunas averiguaciones, el estudio confirmó que todas ellas habían sido escritas por el propio actor, cuya carrera en esos momentos se encontraba en caída libre.

 

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